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Oraciones Sin Contestar
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Fotografía: Anita Patterson Peppers
El trabajo fue una respuesta a mis oraciones. El trabajo que más me gustaba con un gran aumento –triplicando mi salario. Ya había sido entrevistado. El grupo donde trabajaría se sentía emocionado acerca de que formara parte de él. El director deseaba que yo estuviera trabajando allí. Todo lo que faltaba era recibir la oferta formal de la compañía y que yo aceptara. La oferta nunca llegó.

Mi archivo se extravió camino a la oficina del personal. Lo volví a enviar. El reclutador que trabajó conmigo en la agencia de colocación de empleos renunció de improviso, de modo que nunca me dijeron que llamara a la oficina del personal. El director de empleos trató de agilizar el proceso directamente, siendo que la agencia había perdido interés en mí. La asesoría jurídica de la compañía tuvo que examinar aquello para cerciorarse de todo. Finalizaron justo después que la congelación de empleos había comenzado.

Una serie de conexiones perdidas y todos mis sueños habían desaparecido en un dos por tres.

Al tiempo, un tanto desilusionado –¿quién no lo estaría? –ya no me preocupaba el asunto. Un amigo me dijo que debía haber orado para que Dios me ayudara.

“Lo hice”, le contesté. “Oré para que Dios me ayudara en la búsqueda de un trabajo”.

“Parece que no quiso responder.”

“Lo hizo”, le indiqué. “No fue la respuesta que quería oír, pero Él contestó”.

Las oraciones siempre son contestadas. Sin embargo, los planes de Dios no siempre son nuestros planes. Note, yo no oré para que Dios me diera ese trabajo. Yo le pedí que me ayudara a encontrar uno. Considerando las coincidencias que me hicieron perder aquella posición, pensé que Él había hecho Su voluntad. No era el trabajo adecuado para mí. Entonces no comprendí por qué, pero acepté Su juicio y seguí adelante con mi vida.

Llamamos nuestro Padre a Dios porque somos Sus hijos. Al igual que otro buen padre, Él se sacrifica por sus hijos. Nuestros sacrificios no son más grandes que el que hizo Cristo por todos en la cruz.

Cuando los Hijos Piden Necedades

Los padres buenos no les dan todo lo que piden a sus hijos. Cuando los hijos piden necedades, usted los escucha, pero o dice que no, o sustituye lo que están pidiendo por algo más apropiado. A veces usted los prueba. A menudo los hijos son desagradecidos.

Cuando Dios escucha nuestras oraciones en Su sabiduría infinita, Él nos da lo que sinceramente es necesario para nosotros, no para una vida temporal en la Tierra, sino que nos ayude a completar nuestra aplicación para reunirnos con el Anfitrión celestial. Allí es donde queremos finalizar.

Ningún pedido de mis hijos es más gratificante que cuando me piden consejo y guía. Me demuestran su confianza. Ellos saben que mi juicio como adulto es mejor que el de ellos como niños. Cuando oro, trato de pedirle a Dios consejo y guía, no cosas materiales. Si mi juicio como adulto es más sensato que el de mis hijos, ¿cuánto mejor y más sabio debe ser Su juicio que el mío? No siempre obtengo lo que espero, pero sí lo que necesito.

¿Qué en cuanto al trabajo que no pude obtener? Dieciocho meses más tarde esa compañía estuvo envuelta en el escándalo Enron. Cerró.

“…porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7).

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Escrito por Mark N. Lardas. Derechos 2007, Mark N. Lardas, todos los derechos reservados. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a  pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones REINA-VALERA © 1995.


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