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Ponerle Sal
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Fotografía: MorgueFile
Cuando niña lo que más me gustaba llevar en mi bolsa del almuerzo era un huevo duro. Con gusto, golpeaba el huevo contra la mesa de la cafetería, lo ponía en la palma de mi mano y trataba de quitarle la cáscara blanca.

Luego, le rociaba generosamente sal desde mi salero en miniatura, que no era más grande que un dedo pulgar de hombre. Estos eran vendidos en paquetes de 3, específicamente para llevarlos en las loncheras.

Me gustaban aquellos saleros pequeñitos. De hecho, yo siempre llevaba uno en mi bolsillo una vez que salía de la escuela. Mientras jugaba, lo tocaba periódicamente, sacudiendo su contenido dentro de mi boca.

Un día, mientras patinaba, me golpeé con el cemento causándome una gran magulladura en el codo. Cuando me levanté de la acera luchando con las lágrimas, palpé el salerito en mi bolsillo (¡no me pregunten por qué!) y empecé a vertir los blancos cristales en mi adolorida raspadura.

Gemí de dolor, debido al ardor que me produjo el haber “vertido sal en una herida abierta.”

Estatua de Sal

La Biblia cuenta la desgarradora historia de una mujer, esposa y madre, ¡que llegó a convertirse en una estatua de sal! Aunque no sabemos su nombre y ella no dice ni una palabra en la historia que tiene que ver con su desaparición, es conocida como la esposa de Lot.

Lot, sobrino de Abraham, había levantado su tienda cerca de Sodoma. Se nos ha dicho que los hombres de esa ciudad eran malvados y pecaban contra el Señor (Génesis 13:112-13). No es difícil imaginarse sus malas acciones cuando sabemos que la perversión de la sodomía deriva del nombre de esa ciudad.

Debido a su gran pecado, Dios tomó la decisión de destruir la ciudad. A estas alturas Lot se había casado, tenía hijos y vivía en Sodoma. Pero a causa de la misericordia de Dios, dos ángeles mensajeros fueron enviados para rescatar a Lot y a su familia antes de que el lugar fuera destruido.

Con desgana, Lot, su esposa y sus dos hijas, fueron tomados de la mano por los ángeles y llevados fuera de la ciudad, dándoseles instrucciones específicas: “¡Escápate! No mires hacia atrás, ni te detengas en ninguna parte del valle. Huye hacia las montañas, no sea que perezcas” (Génesis 19:17 ).

Luego el Señor hizo llover en Sodoma y Gomorra (un pueblo cercano) azufre abrasador. Todo fue destruido en la catástrofe que sobrevino. Pero la esposa de Lot miró hacia atrás y se convirtió en estatua de sal (vs. 26).

Quizás esta mujer vaciló y se dio vuelta para echarle una última mirada a la ciudad, deseando su hermoso hogar y sus cosas materiales. O, tal vez, tenía seres queridos allá. Pero cualquiera haya sido la razón, se le dijo lo que tenía que hacer y ella no lo hizo. Durante esos pocos segundos de desobediencia, fue alcanzada por el azufre abrasador y sepultada dentro de una capa de sal crujiente.

¿Castigó Dios a la esposa de Lot? ¿O su propia decisión le trajo consecuencias desastrosas que tuvo que sufrir el resto de la ciudad y de las cuales ella tuvo la oportunidad de escapar?

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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