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La Matriz de la Penumbra
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Fotografía: Stock.xchng
“¿Acaso puedes atar los lazos de las Pléyades, o desatar las cuerdas que sujetan al Orión? ¿Puedes hacer que las constelaciones salgan a tiempo? ¿Puedes guiar a la Osa Mayor y a la Menor? ¿Conoces las leyes que rigen los cielos? ¿Puedes establecer mi dominio sobre la tierra? ¿Puedes elevar tu voz hasta las nubes para que te cubran aguas torrenciales?” (Job 38:31-34).

Si hay buen tiempo, salga afuera. Observe el cielo de noche. ¿Qué puede ver?

¿Vive en la ciudad o cerca de ella? Podrá ver las estrellas mayores de Orión y, dependiendo del clima, verá la Osa Mayor. Los planetas -si sabe dónde están- son visibles como otras partes del cielo. Pero eso sería todo.

Si usted posee un buen par de ojos quizá pueda descubrir algunas constelaciones menores -la Estrella Polar y las estrellas guardianas al final de la Osa Menor; las estrellas luminosas en Gémenis o probablemente la Cruz Septentrional. ¿La Vía Láctea? Olvídelo.

Aún en un área rural, usted verá mucho menos estrellas que alguien que haya vivido en Roma o Jerusalén durante el tiempo de Cristo -o incluso, hace 250 años atrás. Tan sólo en 1700 fueron localizados grandes observatorios dentro de las ciudades más importantes, como Londres y París.

El Culpable es el Progreso

El culpable es el progreso -la electricidad. Hay demasiadas luces en la noche bloqueando las estrellas. No sólo en la ciudad, sino a docenas de millas de distancia. Aunque las luces de la ciudad poseen la habilidad de esconder las glorias del cielo, sinceramente carecen de fuerza para iluminarlo todo. La oscuridad aún está allí.

La electricidad, como la calefacción y las cocinas de gas natural o los sistemas modernos de agua y alcantarillado, en muchos sentidos logran que nuestra vida sea mejor. Ponerse frente al fuego para sentir calor, es romántico sólo por un momento.

Pero las conveniencias modernas crean una paradoja. Tenemos más poder y hemos viajado más que nuestros antepasados, pero nuestro horizonte está mucho más cerca. Ellos tal vez habrán viajado sólo cincuenta millas de distancia durante su vida, pero podían ver el cielo -inmensurablemente más lejos. Vieron cómo era una pequeña parte del universo llamada Tierra.

Nosotros, por otro lado, pensamos que no es nada viajar durante 1.000 millas en vacaciones. Pero, ¿cuándo miramos hacia el cielo? Las estrellas -a excepción de unas pocas- han desaparecido. La amplitud del cielo se ha encogido. Son las luces de los aviones sólo a pocas millas de la tierra quienes definen nuestras fronteras.

En la matriz de la penumbra, estamos siendo aislados de la majestad de los cielos. Viviendo en un universo más pequeño que el de nuestros antepasados, imaginamos que somos nosotros los que hemos crecido. Hoy comandamos los rayos de Júpiter, la velocidad de Mercurio; realizando tantas acciones como si fuéramos dioses. El verdadero Dios ha sido olvidado.

¿Ha caído usted en esa trampa? Durante el próximo fin de semana que tenga libre, haga un largo viaje hacia el campo, lejos de la ciudad. Encuentre un lugar lejos de luces sintéticas. Deje que venga la noche y observe el cielo -y recuerde al Creador de toda esa gloria.

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Por Mark N. Lardas. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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