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Siempre Hay Algo
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Fotografía: MorgueFile
Una cosa que me ha perseguido por años es la confusión de lo que quiero que se escriba en mi lápida: “¿Ven? Les dije que estaba enferma.” Es decir, ¿cómo pongo en sencillas palabras el caos que ha conformado mi vida? Además, debe tener significado, mi epitafio necesita ofrecer alguna clase de explicación por lo que he tenido que atravesar.

Entonces, un día lo supe. El tema predominante de mi vida puede ser resumido en tres palabras: siempre hay algo.

Enfrentémoslo; siempre hay algo. Si no son fechas límites, es el clima. Si no es el clima, es alguna enfermedad. Si no es una enfermedad, es un viaje inesperado, programas en la escuela o partidos de fútbol. Sí, siempre hay algo. Lo cual, incidentalmente, nos hace tener una vida muy estresante.

Solía creer que se podía vivir sin estrés, pero ahora sé que no. Donde exista vida, existirá tensión nerviosa. Pero el problema no es la tensión nerviosa. Es lo que usted hace con ella. Guárdese todo y, ¡zas!, volverá a obsesionarlo cuando menos lo espere -o cuando usted no pueda manejarlo, que es el motivo por el cual ahora debemos tratar con el estrés de manera apropiada.

Apaciguante

¿Puedo sugerirle tejer, hacer colchas, bordar, realizar encajes, tejer al crochet o hilar? Para mis lectores masculinos, quizás quieran hacer algo como tallado en madera, hacer cestas de mimbre o construir miniaturas. Todas estas manualidades logran lo esencial. Primero, nos obligan a detenernos y a permanecer derechos. Usted no puede tejer mientras corre, navega por el internet, paga cuentas o le pone gasolina al carro. Debe dejar toda otra actividad, respirar hondo y relajarse en una deliciosa monotonía. Esto puede sonarle aburrido, pero confíe en mí, no lo es. Al comienzo es apaciguante. Con el correr del tiempo llega a ser verdaderamente como meditar.

Segundo, estas ocupaciones nos ayudan a darnos cuenta que no todo se debe tener listo para ayer. Roma no se terminó en un día. Tampoco un hermoso suéter bordado en punto de cruz. La paciencia y la persistencia son quienes debieran regularlo todo.

El mundo avanza en un ritmo aterrador, pero no tenemos que ir a la par con él. Tenemos todo el derecho para detenernos, respirar hondo y gozar -de este día, de este momento. Podemos ir más lento, como cuando en menos de un segundo se creó la existencia en el planeta tierra. Los primeros seres creados se detuvieron y olieron las rosas que habían plantado porque cuando todo fue dicho y hecho, ellos sabían que sólo contaban con el tiempo presente.

Si no tomamos tiempo para disfrutar ahora y lidiamos con nuestra grave tensión nerviosa, la vida pasará sin darnos cuenta. Entonces, alguien escribirá en nuestras lápidas: “Sus años fueron cortos porque siempre hubo algo”.

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Por Céleste Perrino-Walker. Reimpreso con el permiso de Vibrant Life (Vida Vibrante), Julio/Agosto 2006. Derechos © 2007 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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