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El Coro Celestial
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Foto: Audrey Johnson
Cuando mi madre era una niña, vivió experiencias extraordinarias que sólo pueden ser descritas como milagrosas.

Ella creció en un área rural de México, en 1920. La granja de la familia estaba ubicada lejos de la ciudad, de modo que ella y sus hermanos crecieron bastante aislados. Las reuniones sociales eran escasas, excepto las visitas ocasionales que les hacían algunos de sus parientes o algún evento organizado por granjas vecinas. Una vez al año, su padre utilizaba la carreta de bueyes para realizar un largo y difícil viaje hasta el pueblo, para asistir a la iglesia. Este era el evento favorito de mi madre. Le encantaba ir a la iglesia porque sus primeros recuerdos tenían que ver con un acontecimiento especial que su Padre celestial le otorgó, y ella deseaba servirlo. Sobre todo le gustaban mucho los himnos que cantaban en la iglesia. ¡Oh, cómo le encantaban esos himnos!

Muchas veces, por las tardes, luego de cumplir con sus deberes, su padre pasaba tiempo con los niños enseñándoles a cantar sus himnos favoritos. Mi madre atesoraba esos momentos. Ella memorizaba esos himnos y luego los cantaba quedamente para ella, para cuando necesitara alivio.

Un día, mientras ella y su hermana jugaban en la arboleda, se detuvo y, de repente, dijo: “Deténte, ¡escucha!” Su hermana trató de oír, pero sin ningún resultado. Mi madre escuchó el sonido de un coro hermoso que cantaba música que jamás había escuchado antes y que nunca más volvió a oír. Quedó como hipnotizada, como si estuviera en trance, mientras permitía que la belleza de aquella música etérea llenara su alma. No existía la más remota posibilidad de que ella pudiera estar escuchando el sonido de las campanas de la catedral más cercana, debido a que la granja quedaba en una zona remota, sin ninguna iglesia o edificios a su alrededor. Yo pienso que Dios le estaba dando una vislumbre del cielo.

Nada Tan Hermoso como el Coro Celestial

A través de sus tempranos años, ese incidente ocurrió varias veces y siempre ella era la única que podía escuchar la música. Mi madre ha tenido la oportunidad de oír muchos coros hermosos ya de adulto, pero nunca tan bellos como aquel coro celestial.

No hace mucho, mientras estaba sentada a su lado en la Catedral de Cristal, en Garden Grove, California, le pregunté si la gloriosa música que estábamos escuchando se comparaba con la que ella solía oír en su niñez. Me respondió que aunque ha escuchado coros magníficos durante su vida, ningún sonido puede compararse a los conciertos que Dios le permitió escuchar cuando era una niña y que la hizo anhelar con todo el corazón llegar a conocerle mejor y a servirle. Con seguridad Dios en su misericordia quizo brindar esperanza y consuelo a una hermosa niña cuando más lo necesitaba.

Cada vez que escucho a mi madre contar la historia del coro celestial, siento el deseo en mi corazón de oír aquella música yo también, y arrodillarme ante Su trono y adorarlo.

“De pronto, muchos ángeles aparecieron en el cielo y alababan a Dios cantando: '¡Gloria a Dios en el cielo, y paz en la tierra para todos los que Dios ama!'”(Lucas 2:13,14).

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Por Naomi Castro. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL ® 2002.


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