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El Siervo Mayor
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Fotografía: Silvia Cosimini
¿Es posible vivir solo sin sentir una agobiante soledad? Así lo creo yo.

En la primera iglesia en que trabajé como pastora el miembro medio tenía 83 años de edad. La mayoría de ellos vivían solos debido a que sus cónyuges habían muerto. Pero vivían vidas abundantes porque descubrieron el significado en ellas a través de su cercana amistad con Dios y el servicio a otros.

Si usted vive solo, lo lamento de verdad. Siento mucho que su esposo o esposa hayan muerto. Lamento que su cónyuge esté tan enfermo (o enferma) que no puede vivir con usted y ha tenido que solicitar cuidados especializados en otra parte. Sin embargo, creo que hay remedio para su soledad.

Primero, recuerde que usted nunca estará totalmente solo. Hebreos 4:15 dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades...” Jesús se conmueve con su soledad. Cuando en la noche su almohada está empapada por sus lágrimas, Él se compadece. Cuando usted asiste a la iglesia o a un evento social y nadie se sienta a su lado, Dios se compadece. Él lo comprende porque sabe lo que es sentirse solo.

Segundo, su soledad será ensalzada al servir a los demás. Quizá en lo último que usted piensa es en su soledad cuando sirve a su prójimo. Pero le garantizo que el hacerlo hará que su soledad sea menor.

Una Increíble Ancianita de 84 años de Edad

Conozco a una increíble ancianita de 84 años de edad llamada Dorothy. Su esposo de cincuenta y cuatro años murió y ella vive sola ahora. Cuando le pregunté qué hacía para no estar tan sola, me dijo: “Primero, me ofrecí como voluntaria en un hospital para ayudarles dos días por semana. El año pasado trabajé casi 500 horas en ese lugar. Además, mi casa está siempre abierta para mis nietos y sus amigos cuando tienen hambre o necesitan un lugar donde quedarse. Me encanta tener a la gente joven alrededor mío. Me gusta reírme.” Ella también hace pan y lo comparte con los demás. Mantiene un jardín en su casa y reparte lo que cosecha. Además lleva a la iglesia en su carro a otra ancianita y cocina cuando hay funerales en nuestra congregación. Mantiene un registro de otras ancianas que viven solas en el vecindario, llamándolas por teléfono o visitándolas frecuentemente. Si sabe que alguien está enfermo, le envía una tarjetita por correo.

Cuando le pregunté qué papel jugaba Dios en su soledad, ella contestó: “Dios es mi compañía constante. No importa lo que haga durante el día, en mi mente siempre está Él. Leo la Biblia y oro cada día por las personas que tengo en mi lista de oración”. Siendo que Dorothy sufre de degeneración muscular, me dijo: “Cada mañana cuando despierto y abro mis ojos, digo, 'gracias, Señor, que aún puedo ver'. Siempre me despierto con un espíritu de gratitud en mi corazón. Le agradezco a Dios diariamente por todo lo que tengo”.

¡Qué gran ejemplo es Dorothy! Tuvo que elegir sentirse sola en su hogar o abrir su corazón a Dios y a los demás y hacer la diferencia en este mundo. Usted también tiene la misma elección.

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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