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La Mejor Navidad
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Fotografía: Ana Schaeffer
Suspiré mientras ponía la mesa para mis seis amigos y yo. Seis amigos que no se conocían entre sí, que estaban enfrentando desafíos físicos o emocionales, iban a disfrutar de la cena de Navidad junto a mí.

Me sentí desilusionada cuando Tim, mi único hijo de 32 años de edad, me llamó y anunciando que pasaría las Navidades con July, su novia, y su familia, en vez de conmigo. Quizá fue por autocompasión que llamé a Gil, mi amigo de 78 años de edad que sufre del mal de Gehring de Lou, y lo invité a la cena. Viviendo en un Asilo de Ancianos, se alegró de tener la oportunidad de salir de aquel lugar durante unas pocas horas. Cuando le pregunté si Tom, su enfermero, sería quien lo traería, Gil me sorprendió. No sólo vendría Tom, sino que su hija de 9 años de edad, Cristina, quien estaba pasando con él las vacaciones navideñas y que tampoco tenían dónde ir en aquella fecha.

Esa misma tarde vi a Bill en el correo. Divorciado luego de un breve matrimonio y luchando con el cáncer, probablemente estaría solo. “¿Qué harás para la Navidad, Bill?”, le pregunté. “¿Por qué no vienes a cenar a mi casa? Tengo algunos amigos invitados y tú serás muy bienvenido.”

Su sonrisa y rápida respuesta me sorprendieron. “Me encantaría ir.”

Dos días después, vi a Sharon. Ella también iba a pasar las Navidades sola. Sabía que las cosas habían sido difíciles para Sharon luego de su accidente automovilístico. Sin embargo, luego de 14 cirugías y una derivación permanente de la cabeza, aún lograba sonreir y salir adelante. “¡Será entretenido!”, me dijo y tocando mi brazo, agregó: “Gracias por invitarme, Linda.”

El miércoles vi a Kelly. Es discapacitado y vive en la calle. Nos habíamos encontrado en un lugar donde les servimos comida caliente a los que no tienen hogar y donde soy voluntaria. Así que mientras visitaba el lugar, le pregunté: “Si vengo a buscarte, ¿considerarías cenar conmigo y algunos amigos en mi casa para la Navidad?” Entredientes murmuró que no tenía ropa adecuada, pero estuvo de acuerdo en ir a casa. “Yo te recojo aquí a la 1:00 p.m.”, le contesté.

“Aquí estaré,” me aseguró.

Las Cosas Pueden Ser Difíciles

Observé la mesa hermosamente adornada, entonces puse el asado dentro del horno y fui a recoger a mi amigo Kelly. Poco después de nuestro regreso, el resto de mis huéspedes especiales comenzaron a llegar. Siendo que ninguno de ellos se conocía entre sí, supuse que las cosas podrían ser difíciles -y lo fueron. Desde la cocina me esforcé en escuchar una que otra palabra ocasional, ya que era bastante obvio que todos se sentían incómodos.

En ese momento Bill me preguntó dónde estaba el televisor, porque deseaban ver jugar a los Osos y a los Vikingos.

Contesté débilmente: “No tengo televisor.”

“¿Qué?” se sorprendieron, “no tienes TV?”

Se produjo un silencio doloroso. Mi querido y dulce Gil lo rompió, para decir: “Pienso que vamos a tener que hacer algo inusual para nosotros -conversar.”

La pequeña Cristina anunció orgullosamente que había llegado el momento de cenar y uno a uno mis huéspedes ocuparon sus lugares alrededor de la mesa. Tomándonos las manos, dijimos el Padrenuestro, saltándonos la parte de the trespasses and debtor Fue hermoso. Tal vez fue aquello lo que cambió el tono del momento, no lo sé; pero mis invitados comenzaron a hablar entre ellos. Uno a uno contaron sus historias, cuidadosamente al principio, pero luego conectándose al ir compartiendo su vida con personas que habían sido extrañas momentos antes. Cinco horas después nuestra hermosa reunión llegó a su fin y mis invitados se prepararon para irse. Ya no eran extraños, se abrazaron entre sí y lloraron sin tapujos. La humanidad se hizo sentir en toda su plenitud.

Pero fue Kelly quien lo dijo mejor: “¡Nunca olvidaré el día de hoy porque fue la mejor Navidad que jamás tuve!”

Ha pasado mucho tiempo desde esa reunión navideña, pero todos los años, cuando pongo el arbolito con sus adornos, mis pensamientos vuelven a esa Navidad tan especial y siempre se me hace un nudo en la garganta cuando recuerdo las palabras que Kelly nos dijo a todos en aquella noche de nieve plateada: “¡Nunca olvidaré el día de hoy, porque fue la mejor Navidad que jamás tuve!”

Y yo agrego que ¡también llegó a ser mi mejor Navidad!

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Por Linda LaRocque. Reimpreso con el permiso de Signs of the Times, Deciembre 2006. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA ® 1995.


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