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El Regalo
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Fotografía: José A. Warletta
Es una joven callada, de sonrisa cálida, apacible y ojos castaños. Y aunque es inteligente y talentosa, nunca trata de captar la atención hacia ella.

La observo, en este último día de clases antes de las vacaciones navideñas. Entre la algarabía de la fiesta, las risas, el rasgado de los papeles de regalo, ella permanece en calma. Torna su mirada hacia el maestro mientras este comienza a desenvolver la pila de regalos que hay sobre su escritorio. Él se abre paso entre montones de cajas de chocolates y otras golosinas, leyendo cuidadosamente cada tarjeta y agradeciéndole a cada estudiante.

Pero cuando desenvuelve en suyo… se queda asombrado. Porque se ha dado a sí misma, ha obsequiado su mejor labor, cuidadosamente realizada durante días. Es un retrato cuidadosamente encuadrado de su perro, hecho a lápiz y tinta. Ambos son amantes de los animales y ella sabe cuánto apreciará ese regalo. Sonríe tímidamente desde su asiento, mientras el maestro trata de expresar su aprecio y los demás estudiantes se acercan en tropel para observarlo.

Pienso en Aquel Regalo

Más tarde, mientras en un centro comercial sentía el clamor de los compradores navideños, pensé en aquel regalo. ¿Qué lo hizo sobresalir? ¿Era el hecho de que ella era lo suficientemente talentosa como para crear algo de gran belleza? ¿O tuvo que ver más con el hecho que ella escogió invertir su tiempo, utilizar sus manos para crear algo que fuera significativo tanto para quien lo daba como para quien lo recibía?

Parte del desafío de obsequiar regalos es que a veces sentimos que debemos darle demasiado a personas que apenas conocemos. Racionalizamos, por lo tanto, que los regalos debieran ser genéricos, para ir a lo seguro. A veces regalamos por motivos como éste: “Deseo que este regalo le hable bien de mí, o para cumplir con la obligación de tener que regalarle algo, ya que esa persona me hizo un regalo.” Pesamos que nuestros regalos debieran ser lo suficientemente costosos para que los demás no piensen que somos avaros o que estamos mal financieramente; pero no tan costosos como para que ellos se sientan culpables de no haber gastado más en nosotros. Puede ser extremadamente complicado. ¡No es de extrañar que tanta gente sólo compre gift certificates! Se requiere solamente de dos decisiones -en qué tienda y por qué cantidad.

Mientras estoy en la larga fila para pagar los regalos que he comprado, mi mente vuelve a esa primera Navidad -y en la verdadera razón de por qué estoy pensando en dar regalos. ¡El nacimiento del diminuto bebé de una campesina desconocida en un establo, NO ERA el tipo de regalo que la gente esperaba! No llenaba sus estándares. Pero resultó ser el mejor regalo, porque fue entregado como muestra del amor más puro y profundo que podamos comprender. Es ese tipo de amor el que llega a ser el máximo modelo en el cual debieran basarse todos los demás regalos.

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Por Brenda Dickerson. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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