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Seguridad en el Empleo
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Fotografía: Milda K.
Hace una década atrás comencé a trabajar para una renombrada corporación que fabricaba chips para computadoras. Durante los primeros años en que trabajé allí, a la compañía le iba de mil maravillas. Recuerdo a mi jefe decir en ese tiempo: “¡Tienen tantas ganancias, que no saben qué hacer con el dinero!” Había bonos generosos para la Navidad, muchas fiestas y el mandato de comprar casi todo lo que se necesitaba en artículos de oficina. Aunque ya no lo uso, aún conservo el maletín/planificador de cuero genuino que me regalaron cuando fui empleada en ese lugar.

Luego, vino el colapso del mercado del chip. Por espacio de 18 meses, los precios bajaron en picada, las acciones cayeron y una congelación de empleos entró en vigor. El buen humor, la alegría y la despreocupación se tornaron grises. Y un día sucedió lo impensable. Mi director principal y dos vicepresidentes ejecutivos fueron despedidos sin previo aviso. Mientras la compañía tambaleaba por el golpe, el rumor se hizo cada vez más grande: “¿Qué sucederá ahora?” nos preguntábamos todos. Retorciéndonos las manos y sientiéndonos pesimistas y tristes, ¡todos esperábamos que cayera el otro zapato! ¡Y cayó!

Recuerdo claramente aquel día viernes 4 de diciembre de 1999, tres semanas antes de Navidad. El gerente me llamó a su oficina cerca de las 10 de la mañana para decirme que ya no seguiría trabajando allí. Cien personas perdieron sus empleos ese día en el primer despido masivo de esa corporación. Mientras recogía mis pertenencias y me dirigía al estacionamiento, recuerdo haber visto a otros empleados llevando a sus carros sus cajas llenas de fotografías, plantas y adornos que habían decorado sus cubículos. Una mujer corrió hacia su vehículo con lágrimas en el rostro. Se sentía completamente devastada.

Los Cambios Suceden Frecuentemente

Ya no vivimos en la era en que había seguridad en los empleos. Trabajar durante toda su vida para una organización y jubilarse con un reloj de oro luego de 40 años de servicio, es muy poco probable ahora, si no imposible. Los cambios suceden frecuentemente y a menudo inesperadamente. Es el producto secundario de la era en que vivimos.

La seguridad no se encuentra en una organización, ni en una posición. Sólo puede ser hallada en una persona, y esa persona es Dios. Es solo Dios el que promete: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5, RV). Solo Dios es fiel y verdadero. Es este Dios el que puede abrir otra puerta cuando alguien se la ha cerrado en la cara. Con Dios a su lado, usted puede enfrentar con toda seguridad el futuro incierto, sabiendo que no importa lo que suceda, hay alguien que lo ama profundamente y quien suplirá sus necesidades adecuadamente. “Dichoso el que pone su confianza en el Señor y no recurre a los idólatras ni a los que adoran dioses falsos” (Salmo 40:4 NVI).

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones REINA-VALERA © 1995 y NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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