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No Hay Lugar
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Fotografía: Stock.xchng
Era la celebración navideña anual durante el servicio de la iglesia y el santuario lucía sus festivos adornos con flores de Pascua y lucecitas blancas brillando por doquier. La clara voz de soprano de nuestra hija se unió a las del coro, guiando a una congregación expectante.

Cuando las últimas notas del viejo villancico se apagaron, nuestra atención giró hacia el nacimiento, donde una disfrazada María depositaba cuidadosamente en el pesebre a un bebé Jesús real, mientras José recordaba la historia de 2.000 años de antigüedad.

Para mí, la parte más triste de la narración navideña es siempre cuando María y José deben abandonar la posada. El nacimiento más importante en la historia de la raza humana debe suceder en condiciones deplorables, ¡porque el mundo no está preparado para el acontecimiento cósmico!

¿Lloró, María?

Me pregunto si María lloró cuando el posadero le negó una habitación. Me pregunto si el dueño de la posada se dio cuenta que había rechazado al Mesías, al Salvador del mundo, al Hijo de Dios. Si él hubiera recibido a esos dos viajeros fatigados en su posada o quizás les hubiera ofrecido su propio cuarto, ¡qué historia más hermosa podría haberles contado a sus hijos y a sus nietos! Qué honor habría sido para él haber recibido al Mesías. Qué famosa habría llegado a ser su posada. Tal vez se habría incluido su nombre en la Santa Escritura, como lo fueron los de Simeón y Ana por haber reconocido el nacimiento del Ungido de Dios.

Qué bendecida oportunidad se perdió el posadero por haber estado demasiado ocupado, demasiado cansado, demasiado agobiado con los quehaceres diarios y no reconocer los pasos de Dios en su puerta.

¿Se repite esta historia en mi vida? ¿Cómo he respondido yo a las personas necesitadas el año recién pasado? ¿He invitado a desconocidos a cenar en mi hogar? ¿He dado algo de lo que tengo para ayudar a los huérfanos y a las viudas? ¿He escuchado, realmente, a las personas en crisis? ¿He ofrecido mi tiempo en servicio a los demás?

Estas no son preguntas retóricas. Ni tampoco tienen una respuesta fácil. Yo sólo soy una persona y no puedo alimentar ni vestir a todo el mundo. Pero debo hacer algo de modo que “haya lugar” en mi corazón para cada persona que Dios ponga en mi camino. El amor de Dios debe bajar del cielo e impactar mi corazón. ¿No significa éso la Navidad?

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Por Brenda Dickerson. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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