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Elefantes Blancos
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Fotografía: Botond Ferenczy
¿Ha subido hasta la cumbre del monte McCoy? Para quienes no lo saben, el monte McCoy está ubicado en el parte occidental de Simi Valley señalizado por una gran cruz blanca en la cima. Desde hace 30 años, los servicios de la salida del sol del domingo de Easter se han celebrado allí. Siguiendo el zigzagueante sendero hacia este crisol, sólo toma cerca de 30 minutos llegar hasta él. Y por este mínimo esfuerzo usted es recompensado por una vista general del valle y de las colinas que llevan hacia Los Angeles.

La primera vez que realicé esta ardua escalada, me perturbó lo que encontré en la cima. Entre las rocas que rodean la majestuosa cruz blanca, usted ve basura dispersa por todas partes. ¡Sí, basura! Colillas de cigarillos, latas de soda y botellas de cerveza regadas alrededor de la cruz. Me molestó tanto verlo, hasta que me di cuenta que éso es exactamente lo que Jesús nos pide que hagamos -¡que llevemos nuestra propia basura al pie de la cruz y la depositemos allí!

La Basura de Nuestras Vidas

Desde luego que Jesús no hablaba de las verduras podridas, de las cascaras de plátano y de los envases de plástico. Jesús estaba hablando de la basura de nuestras vidas -de los errores, de las desilusiones, de los rasgos de nuestro carácter que podríamos cambiar pero que, al parecer, los tenemos atascados.

Es Navidad. Y viviendo en un país donde hay tanta abundancia y continuamente somos alentados a comprar más y más, es muy fácil perder de vista “la razón de la celebración.” Los eruditos de la Biblia tienen la convicción de que es muy poco probable que Jesús haya nacido el 25 de diciembre, ya que no podría haber habido pastores cuidando sus rebaños durante el invierno. Sin embargo, ese es el día en que celebramos el nacimiento del Señor.

Paradójicamente, celebramos el nacimiento del Salvador a causa de Su muerte (en una cruz). Dios nos amó tanto que el Todopoderoso nos dio el más inimaginable regalo de Navidad -un Salvador que pagara el precio por nuestros pecados. Al sufrir por nuestras injusticias, Jesús nos compró la vida eterna -un regalo que ninguna tarjeta de crédito podría comprar. Pero aunque sea un regalo, debemos aceptarlo para que pueda ser nuestro.

Durante estas Fiestas Navideñas, si no lo ha hecho ya, piense en ser parte del regalo más impresionante del universo. Lleve la basura de su vida a Jesús. Entréguele al Señor todos sus elefantes blancos. Y, en su lugar, Dios le dará gozo, paz, perdón y vida eterna.

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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