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Lecciones del Saltamontes
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Fotografía: Stock.xchng
Me encontraba caminando hacia mi carro luego de una cita en uno de esos días soleados del verano el pasado mes de agosto de 2006, pensando en el maravilloso día que Dios nos había dado. Al entrar y sentarme en el asiento del conductor, advertí que sobre el parabrisas había un saltamontes tomando su tiempo (un saltamontes de Estados Unidos, verde y con largas antenas.) Decidí no sacarlo de ahí, sino encender el motor del carro y dirigirme fuera del estacionamiento, rumbo a mi oficina. Me imaginé que de todos modos saldría disparado del parabrisas en cuanto acelerara.

Para mi sorpresa, el saltamontes parecía estar sincronizado con el movimiento del carro. Viajé varias millas antes de llegar a la entrada de la autopista y el saltamontes permaneció allí, como si nada. Siendo que estaba ubicado a mi derecha, era difícil no verlo. Mientras aumentaba la velocidad, pensé: “De seguro que este insecto saldrá volando del parabrisas en asunto de minutos.” No fue así. Mientras más aceleraba, él parecía determinado a aguantar. Aunque el cuerpo del insecto se movía violentamente con el viento, sus patas estaban en tal posición que parecían ser succionadas por el parabrisas, manteniéndose firmes. Ocasionalmente, lo que me pareció que sucedía en momentos claves, el saltamontes ajustaba poco a poco sus patas para mantener el equilibrio.

Opté por creer que fue solamente una casualidad que el saltamontes fuera capaz de mantenerse pegado al parabrisas, y que si corría a una velocidad mayor volaría, pero no saldría disparado. Finalmente, llegó el momento de salirme de la autopista y disminuir la velocidad. Cuando llegué al trabajo y estacioné mi carro luego de 50 minutos desde que toda esta historia comenzó, el saltamontes todavía estaba allí (tomando el sol en su día de paseo gratis.) Después de estar un rato en la oficina, regresé y lo busqué, pero ya no estaba.

Algunas de nuestras experiencias han sido como las del saltamontes. Paseamos al sol por la ruta de la vida cuando, de repente, las cosas cambian y nuestra experiencia se vuelve tormentosa. Nos encontramos siendo soplados por los desafíos de la vida, tanto, que llegamos a pensar en dejar caer los brazos y rendirnos completamente.

Observar al saltamontes aquella mañana me hizo recordar 4 cosas:

1. Es muy importante estar arraigados y basados en una relación personal con Dios, de modo que cuando las cosas se pongan difíciles, podamos soportar (leer Efesios 6:10-18).

2. Cada tribulación y dificultad que experimentemos en esta vida no durará eternamente. Recuerde que “los tiempos difíciles no permanecen, los valientes, sí” (leer 1 Pedro 4:12, 13).

3. Debemos estar determinados a soportar las tempestades de la vida, porque se nos ha prometido que la victoria será nuestra, enseguida o eventualmente (leer Mateo 24:13).

4. Cuando una experiencia inesperada nos catapulta en un nuevo ambiente, no debemos quedar paralizados por ello, sino (como el saltamontes), explorar el nuevo mundo que se abre ante nosotros.

Las lecciones del saltamontes ayudaron a reforzar mi fe y mi determinación para aferrarme a Dios mientras viajo por la vida. Comparto estas lecciones con usted con la esperanza de que ellas también alentarán y reforzarán su fe. Recuerde, cuando el viento sople, permanezca firme y sepa que el Señor está con usted (leer 2 Crónicas 20:17).

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Por Ednor A. P. Davison. Reimpreso con el permiso de Atlantic Union Gleaner, Octubre 2006. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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