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“Señor, Conmigo Sé”
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Fotografía: Thomas Hamlyn-Harris
El año pasado fui presentado ante el vice almirante en el patio del edificio de la Armada Naval. “Gracias por la hermosa pieza que usted escribió para la armada naval,” me dijo, y yo sonreí. Pero no fueron las palabras del almirante, ni el lustroso uniforme de los soldados, ni el despliegue dramático de los helicópteros lo que más recuerdo. Lo que persiste en mi mente al igual que el atardecer de ese día, es la banda de la armada naval tocando “Señor Jesús, el día ya se fue” (Abide With Me). Con lágrimas en los ojos, entoné el primer verso junto a ellos:

Señor Jesús, el día ya se fue;
La noche cierra, oh, conmigo sé;
Al desvalido por tu compasión
Dale tu amparo y consolación.

Entonces, los trompetistas ubicados sobre la entrada principal, se unieron y suavemente entoné con la banda mi verso favorito:

Tu gracia en todo el día he menester.
¿Quién otro puede al tentador vencer?
¿Qué otro amante guía encontraré?
En sombra o sol, Señor, conmigo sé.

No es la banda ni la armada naval la que recuerdo hoy. Es el asombro de un himno que es entonado y tocado a través del mundo, dondequiera, en todo tiempo -un himno que, incluso, fue el favorito de Gandhi.

Pero este himno fue escrito hace más de un siglo por un hombre que en el momento de escribirlo se sentía desilusionado y desanimado. Cuando el pastor Henry Francis Lyte entró a su cuarto de estudio, su corazón se sentía triste y acongojado. Sentía que había fallado en su ministerio. Era un anciano, fatigado de la vida, especialmente luego de recibir un informe médico que indicaba que le quedaban unos pocos meses de vida. Tomó su Biblia y comenzó a hojearla. Poco después, leyó la invitación que los discípulos de Jesús le hacían a su Maestro: “Quédate con nosotros, porque se hace tarde y el día ya ha declinado” (Lucas 24:29).

Un Himno que Ha Consolado a Millones

Instantáneamente, el pastor Lyte se sintió rejuvenecido y revitalizado. Las palabras de los discípulos de Jesús hicieron eco en su mente junto con otras que expresaban lo que sentía. Poco después, había escrito el himno que todos aman alrededor del mundo y que ha brindado consuelo a millones de personas.

Durante la primera guerra mundial, la enfermera inglesa Edith Cavell ayudó a centenares de soldados a escapar de Bélgica, que fuera ocupada por los alemanes. Finalmente, fue capturada y asesinada por un escuadrón Alemán. Mientras enfrentaba a sus ejecutores, repitió las palabras del himno “Señor Jesús, el día ya se fue,” sabiendo que Jesús estaba junto a ella mientras moría.

Cuando el buque Stella se hundía con 105 víctimas a bordo durante la segunda guerra mundial, una mujer cristiana dirigía a los pasajeros mientras cantaban “Señor Jesús, el día ya se fue”. No sintieron temor en sus corazones mientras el barco se hundía, porque estaban cogidos de la mano de Dios, ¡y seguros que Él permanecía junto a ellos!

Lágrimas de gozo rodaban por mi cara mientras aquella noche oía tocar a la banda. Recordé a un Dios que se había mantenido junto a mí en las buenas y en las malas. Hoy, me siento conmovido al entonar otro verso de aquel famoso himno:

Que vea al fin en mi postrer visión
De luz la senda que me lleve a Sion,
Do alegre cantaré al triunfar la fe:
“Jesús conmigo en vida y muerte fue.”

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Por Robert Clements. Reimpreso con el permiso de Signs of the Times, (Señales de los Tiempos), Noviembre 2006. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA© 1995.


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