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¡Que Neve!
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Fotografía: Morguefile
“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).

Aquí, en el Medio Oeste, existe abundancia de nieve y con ella abundancia de personas que no la desean. Es comprensible. A fin de cuentas, la nieve es fría, a menudo viene acompañada de gélidos vientos y puede ser muy peligrosa. Pero si se la trata como yo, puedo odiarla.

Mark me asegura que hace 16 años atrás, cuando recién nos habíamos casado y nos mudamos a Iowa, aprendí a detestarla. Pero cuando llegaron nuestros pequeños, ¡me encontré junto a ellos paseando en trineo, rodando gigantescas bolas para hacer hombrecitos de nieve y pintando nieve con botellas de agua con color!

Mark y yo incluso vivimos en Lincoln, Nebraska, mientras asistíamos a la Universidad, pero ni aún el despiadado clima de esos lugares pudo quitar el cariño que sentía por esas gordas escamas de pelusa.

No me gusta SENTIR frío. ¿A quién le gusta? Y tampoco me gusta el viento y la humedad que acompañan a la nieve. Pero la nieve, aunque fría por naturaleza, nos brinda una tibieza única para el espíritu. ¿Lo ha notado, usted? Tal vez se deba a ese deseo de estar tibiecito luego de haber estado expuesto a la nieve. Quizá es el deseo inconsciente de anhelar la pureza y la purificación, la frescura y la renovación. ¡Tal vez sea mi cerebro el que está congelado! Cualquiera sea la razón, no puedo negar que a Dios también parece gustarle la nieve. No simplemente por el hecho de que Él es quien la envía, sino debido a Su Palabra.

La Nieve Comparada con la Purificación

Isaías 1:18 nos muestra a la nieve comparada con la purificación. Sabemos que en nuestro mundo contaminado la nieve no está verdaderamente “limpia”; sin embargo, la imagen que nos brinda es ésa. ¿Ha notado que cuando neva todos los jardines lucen igualmente hermosos? Piense en ello. Una casa puede tener su jardín bellamente mantenido durante el verano. Usted sabe a lo que me refiero. Cada trozo de hierba está cortada del mismo largo y las flores y arbustos parecen fotografías de catálogos de semillas. Entonces, justo al lado, está aquella casa donde cortan el césped dos veces durante en el verano, donde hay artículos variados esparcidos por la propiedad e, incluso, la casa del perro necesita una mano de pintura. ¡Pero cuando neva, todo cambia! Las dos casas se cubren de nieve blanca. Ambas propiedades se ven limpias. Las dos casas lucen igualmente hermosas.

Eso es lo que ocurre cuando la pura, blanca y salvadora Gracia de Jesús nos cubre. No importa cómo estábamos ayer, pero el día en que la Gracia cae sobre nosotros, somos tan puros como cualquier santo que vivió antes que nosotros o que está cerca nuestro. ¡Sentimos una frescura nueva y vigorizante!

¿No logra esto que a usted le guste la nieve? Si neva donde vive usted, trate de pensar en Isaías 18:1. Si no, visite el Internet y vea algunas regiones donde sí cae nieve. De cualquier manera, haga la prueba y piense en el amor puro de Dios y en el milagro de Jesús de transforma el carmesí que hay en nosotros, ¡en blanca lana! De hecho, quizá esa sea la razón por lo que existe la nieve. Si ese es el caso, ¡que neve… que neve… que neve!

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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