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Cepillado Cubridor
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Fotografía: Martin Walls
Cuando tenía 20 años de edad trabajé para un hombre que tenía 40. Era un buen jefe, un hombre agradable, el tipo de persona que uno llega a querer.

Tenía entradas profundas en la parte frontal del cuero cabelludo. Diciéndolo de otra forma, la parte calva de la frente se había unido con la de atrás mucho antes que yo empezara a trabajar con él. Para mantener su ilusión de una cabellera abundante, llegó a ser un maestro en el arte del “cepillado cubridor.”

Tenía una sección de su cuero cabelludo sobre las orejas donde dejaba que su pelo creciera lo suficiente como para tapar el otro lado de la cabeza. Con un poco de trabajo con el cepillo y mucha laca, presentaba ante el mundo la cabellera que tenía cuando estaba en la Universidad.

Tenía que utilizar bastante laca para mantener la extensión de cabello uniformemente, de modo que no hubiera lugares calvos. Cada mañana se cepillaba el pelo que le quedaba hacia un sólo lado de la cabeza. Si usted no era un buen observador, lucía casi natural.

Un día en que teníamos una reunión con un cliente y abandonábamos el edificio de nuestra oficina para subir al carro, un fuerte viento soplaba sobre nuestros rostros al caminar a través del estacionamiento. Mi cabello se movía, pero el suyo, pegado con laca, permanecía inmóvil. Aunque no por mucho tiempo. Una masa uniforme, como si se tratara de un plano aerodinámico, comenzó a flotar por encima del hombre. El viento fuerte había logrado levantar su cepillado cubridor por casi una pulgada sobre su calva al descubierto, como un animal plano y peludo.

Es Difícil Mantenerse Serio

Era difícil, pero me mantuve serio cuando lo miré. Sabía que si me reía -o siquiera sonreía- estaría hiriendo sus sentimientos por lo más tonto que jamás haya visto. Nunca hablé con él acerca de ello.

Ahora tengo más edad que la que él entonces tenía. Mis entradas en la frente se parecen un poco a las de aquel hombre. Mantengo mi cabello corto -para ni siquiera intentar un cepillado cubridor. Aún recuerdo cómo lucía, negando la realidad de su apariencia.

El envejecimiento acarrea un conjunto de indignidad secundaria. Su piel se arruga. Su perfil se ensancha a pesar de sus mejores esfuerzos.

Pienso que estas cosas son manifestaciones de los mensajes bondadosos de Dios que nos hacen recordar nuestra mortalidad. Nos hacen saber que nuestra ocupación en esta tierra es transitoria. Su gracia descansa en el desafío que ella ofrece. Usted puede aceptar los cambios que acarrea y envejecer con dignidad, o puede negar su mensaje y verdaderamente lucir bastante ridículo.

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Escrito por Mark N Lardas. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a  pautas de uso.


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