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Sediento
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Fotografía: Cris Watk
¿Se ha sentido alguna vez tan sediento que pensó que se desmayaría? ¿Tan sediento, que cada vez que tragaba saliva sentía como si tragara arena? Soy bastante buena para beber diariamente los ocho vasos de agua reglamentarios. ¡Es cierto! Puede preguntarle a mis amigos. Ellos le dirán que estoy conectada quirúrgicamente a mi botella color violeta de Nalgene. Pero incluso yo, una adicta al agua, he experimentado la deshidratación severa. No es nada agradable. Ni siquiera divertido.

En Ezequiel 37 encontramos una historia interesante que probablemente nos asustará. En esa historia hay un valle -un valle lleno de huesos secos. Ezequiel se encuentra rodeado de huesos secos. ¿Se ha sentido alguna vez así? ¿Como si fuera un montón de huesos secos? Yo sí. Usted se siente desesperado. Se siente exhausto. Cansado. Como si le hubieran extraído toda la humedad de su cuerpo. Y todo lo que le queda es un montón de huesos cansados y secos. Todo lo que la vida le ha dejado es un puñado de huesos débiles, sin músculo alguno o piel que los cubra. Duele respirar, pensar, reír, orar -simplemente, duele.

Desesperado, Cansado y Exhausto

Así que Ezequiel está en este valle de huesos secos que simbólicamente representa a todo Israel. Los huesos simbolizan cómo se siente Israel en ese momento: desesperado, cansado, exhausto. Como si no tuviera nada más. Y Dios le dice a Ezequiel: “Diles de mi parte a estos huesos que presten atención a este mensaje: '¡Huesos secos, yo voy a soplar en ustedes, para que reciban el aliento de vida y revivan!'” (Ezequiel 37:4). Dios los cubrió con músculos y piel. Respiró aliento de vida sobre esos huesos secos. ¡Y sucedió lo más asombroso! Aquellos huesos secos empezaron a moverse. Se unieron y formaron un ejército. Sus gritos de desesperanza y desolación fueron oídos.

El amor y la compasión de Dios es algo que me maravilla. Somos unas criaturas muy contradictorias. Un día le damos todo lo que somos. Otros, apenas recordamos que Él existe. Depositamos nuestros huesos secos en nuestro oscuro, frío y triste valle. Y allí nos encuentra Dios. Escoge venir desde la cumbre de LO ALTO hasta nuestra oscuridad, hasta nuestro valle tan bajo y, en medio de él, de nuestra desesperanza, viene a restaurarnos. ¡A NOSOTROS! Su aliento nos otorga vida y luz. Nuestros huesos secos y cansados se empapan de Su vida. Empezamos a sentirnos vivos nuevamente. Sentimos Su esperanza. Su amor. Comenzamos a sentir -y esa sensación es increíble. Él cubre nuestros huesos con músculos fuertes y una piel hermosa. Y de nuevo nuestros huesos tienen humedad. Una vez más gozan de vida. Nuevamente, han sido restaurados a su propósito original. Otra vez la sed ha sido saciada.

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Por Andrea Torres. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL, ® 2002.


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