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Maestra de Preescolares
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Fotografía: Anissa Thompson
“Mamy, esta es mi maestra.”

“¡No! ¡No lo es!"

"¡Es mi maestra!”

“¡Es la mía!”

“¡Es la mía!”

“¡No! ¡Ella es mi maestra!”

Tamara de tres años y su hermana Jennifer de cuatro discutían sobre a cuál de ellas “pertenecía” yo. Mi función preescolar tenía que ver con aliviar a los maestros en sus períodos de planificación y recreos para ayudarlos con el excesivo “flujo de alumnos” durante ciertos períodos del día. De modo que cuando su madre las vino a recoger, Tamara insistía en que yo era su maestra porque estuve cada día con ella durante la clase de historia, mientras que Jennifer discutía que yo era la suya porque estuve con su clase durante el recreo.

Al trabajar con preescolares aquel verano, pensé mucho acerca de mi relación con Dios y me di cuenta que cada uno de nosotros nos acercamos a Él con la sinceridad de un niño.

Ninguno me Conoce Bien

Ciertamente, ninguno de mis alumnos me conocía como creían conocerme. Aunque trabajé bastante para desarrollar una relación con cada niño en la escuela, ninguno de mis estudiantes realmente me conocía personalmente. Para algunos de ellos era la maestra que servía los almuerzos. Para otros, la mujer que masajeaba sus espaldas durante la siesta, mientras que algunos me conocieron sólo como la persona que los monitoreaba durante el recreo.

Un pequeño grupo de niños comprendió que yo también tenía una vida fuera de la escuela. Por ejemplo, un par de ellos supo que tenía una hija.

Cuán cierto debe ser esto en mi relación con Dios. En la Biblia puedo leer acerca de Su poder y amor infinitos, orar por conocimiento y sabiduría, pero la limitada capacidad de mi mente humana no me deja comprender completamente a Dios.

Algunos Nunca se Dieron Cuenta de mi Existencia

Cuando hablé con Tommy de tres años de edad, me quedó mirando fijamente. Ya al final del verano creía que lo conocía bastante bien, aunque él no sabía nada acerca de mí.

Dios obra en cada minuto de mi vida, pero… ¿con qué frecuencia estoy consciente de Su presencia? ¿Cuán a menudo, al igual que Tommy, fallo en reconocer la abundancia de los dones que Él me ha dado?

Algunos Hacen Malas Elecciones

La regla en la escuela era que si un niño se comportaba mal, tenía que pasar algún tiempo sentado en la “silla para pensar.” Afortunadamente, esto funcionó para la mayoría de los ofensores que pasaron uno o dos minutos en la silla, pero un par de ellos no hicieron más que simplemente compartir “sus pensamientos” entre ellos. Una pequeña llamada Angel nunca aprendió a hacer buenas elecciones.

Y ningún niño estuvo más arrepentido que Angel por sus malas elecciones.

¿Cuán cuanta frecuencia, así como Angel, hago elecciones en mi vida que no honran mi relación con Dios? Generalmente, sé lo que debo hacer y a veces no puedo ni siquiera explicarme a mí misma por qué fallé en hacer lo correcto. Como Angel me siento muy arrepentida, le pido perdón a Dios y le prometo (y a mí misma también) que la próxima vez lo haré mejor. Así como Angel sigo tratando. Y Dios me sigue amando de todos modos, así como yo sigo amando a Angel.

La Mayoría Trata de Complacerme

Yo amo a esos pequeñitos y ellos tratan por todos los medios de hacerme muy feliz. Aunque las tácticas que emplean son variadas (el que tiene tres años de edad desea que me de cuenta de cómo pone atención a la historia que les estoy contando; la de dos años trata de ser la más calladida durante la siesta; el que tiene cuatro años desea que advierta lo bién que comparte su columpio con los demás). Cada uno de ellos desea que yo reconozca sus esfuerzos.

Entonces me dan pequeñas muestras de cariño. Algunas de ellas realmente las aprecio mucho -Cheerios, una bolita verde de sus M&M, un dibujo que han hecho. Realmente, podría vivir sin los otros regalos -47 dibujos que han pintado, una hojita de árbol o la corteza de un sandwich de mantequilla de maní.

¿De qué forma mis dones honran a Dios? Sé que puedo reforzar mi relación con Él a través de la oración, el culto, sirviendo a los demás y propagando las buenas noticias del amor de Dios. Pero así como mis alumnos a veces me involucro tanto en la acción que me olvido del propósito. A veces necesito un suave recordatorio.

Es difícil saber todo lo que Jesús dijo en Lucas 18:17 cuando señaló que sólo podremos entrar al reino de los cielos si somos como niños. A lo mejor parte del significado es que debemos ser humildes para reconocer que a veces somos infantiles en relacionarnos con Dios y aceptar que tal vez nunca lleguemos a entender Su bondad infinita, Su poder y el amor que siente por nosotros. ¿Recuerda usted cuando era niño y las personas le preguntaban qué quería ser cuando creciera? Quizás muchos de nosotros debiéramos contestar: “Cuando sea grande quiero considerarme como un niño pequeño.”

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Por Lesa Lank with Marvin Hinton. Reimpreso con el permiso de Signs of the Times, (Señales de los Tiempos), Septiembre 2006. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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