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Idealismo vs Pragmatismo
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Fotografía: Henk L
Definitivamente, soy un idealista; comprendo el objetivo del plan ideal de Dios como lo ordena la Escritura. Pero, espere un momento… Sé que vivimos en un mundo corrupto por el pecado y que el plan de Dios para la vida humana -para mi vida-, probablemente nunca funcionará, de modo que soy un pragmático. Sí, soy un pragmático. Me ajusto a las circunstancias actuales y a la guía divina y trato de “ir con la corriente” en un esfuerzo de hacer que las cosas funcionen de la mejor manera posible -incluso, aunque no estén tan cerca del ideal.

¿Cuál de los dos es usted? Permítame que lo ponga a prueba y que le haga una pregunta ética. Por favor, responda lo siguiente: “¿Podemos llevarnos bien?”

El idealista que hay en mí, dice: “¡Sí, por supuesto que podemos!” Si hay algo claro en el Nuevo Testamento acerca del plan de Dios para nuestras vidas, es que se supone que Su comunidad en la fe se lleve bién. Sus seguidores -aquellos que profesan tener fe en Jesucristo- deben vivir en paz los unos con los otros.

El pragmático que hay en mí, dice: “¡Ah! ¿Está bromeando? ¡De ninguna manera!” Si hay algo claro en escenario bíblico acerca de la humanidad y nuestras sociedades es que siempre pelearemos y nos digustaremos los unos con los otros, aún dentro de nuestras iglesias.

Montaña Rusa de Esperanza, a Realidad Desalentadora

La Biblia es rica en historias de personas cuyas vidas parecen haber estado constantemente en una montaña rusa de esperanzas y expectaciones de idealismo que, a menudo, se enfrentaban con el desalentador pragmatismo. Tomemos la historia de Jabob y de su tío Labán, por ejemplo. Usted recuerda que le robó la bendición a Esaú (una historia más en sí misma) y que tuvo que huir de su tío Labán. ¡Génesis 29:13 dice que Labán saludó a Jacob con abrazos y besos! Disfrutaron de algunos años maravillosos en compañía. Jacob se casó con dos hijas de Labán y la familia creció (¡otra historia más en sí misma!)

La relación entre Jacob y Labán comenzó a desintegrarse y al final Jacob juntó a su familia y sus pertenencias bajo la protección de la oscuridad, y huyó lejos. Labán comenzó una ardua persecución porque alguien de la familia de Jacob (resultó ser la propia hija de Labán), había robado algunas de sus pertenencias más valiosas.

Cuando Labán los alcanzó hubo una tremenda confrontación que podría haber terminado en algo muy grave y feo. Afortunadamente, los dos hombres evitaron matarse entre ellos y decidieron que no podían llevarse bien. Así que establecieron algunos límites -algunas divisiones, si lo prefiere- que fueran aceptables para los dos. Hicieron lo que la Biblia llama un “convenio”, un tratado, y amontonaron un número conmemorativo de piedras o rocas para sellar aquel momento (Génesis 31:43-54). Lo que comenzó como una familia idealista de la fe, terminó en un desagradable convenio pragmático.

De modo que, ¿soy un idealista, un pragmático o una mezcla de los dos? Tiendo a ser un idelaista que en forma reacia cae ocasionalmente en el pragmatismo, según le conviene. A veces pienso que es verdad que no podemos llevarnos bien los unos con los otros.

¿Qué tal, usted? ¿Necesita hoy hacer funcionar un tratado con alguien?

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Por Mark F. Carr, PhD, co-director teológico de Center for Christian Bioethics, Universidad de Loma Linda. Usado con el permiso de Pacific Union Recorder, Octubre, 2006. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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