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Perdido y Encontrado
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Fotografía: MorgueFile
¿Ha perdido algo valioso alguna vez? Desde luego que sí; nos ha pasado a todos. Es parte de la vida. Si no se recupera de ello, puede que sienta todavía mucho remordimiento. Se ha ido algo especial en su vida y usted lo recuerda hasta el día de hoy.

Por otro lado, ¿ha encontrado algo importante que usted haya perdido? ¿No es hermoso sentirse así? Me ocurrió una vez. Durante una época en que viví en Southern California y manejaba por la costa un caluroso sábado de tarde, escogiendo Leo Carrillo State Beach como mi destino. Luego de estacionar mi camioneta, el viento soplaba fuerte y una partícula de polvo o de arena entró en mi ojo derecho.

No sólo sentí dolor, sino que no podía ver muy bien. De modo que me arrodillé debajo de unos arbustos, me saqué el lente de contacto, lo limpié con mi camiseta e intenté ponerlo de nuevo dentro del ojo. En aquel preciso instante una ráfaga irregular de viento sopló y me arrebató el lente de la punta de los dedos. Inmediatamente caí sobre mis manos y rodillas orando fervorosamente que Dios me ayudara a encontrarlo. Mientras oraba y acariciaba la arena con mis dedos, la consecuencia de esta pérdida comenzó a golpearme. Siendo que no podría manejar de vuelta a casa sin mi lente de contacto (¡mi visión era así de mala!) tendría que llamar a alguien que manejara por toda la ciudad donde yo vivía, me recogiera y me llevara de vuelta a casa.

¡Qué Pánico!

Una vez en casa, me pondría el lente de contacto extra que tenía, pero no tendría mi vehículo. Así que debería pedir que me llevaran nuevamente hasta la playa que estaba a una hora de distancia, llegar hasta donde estacioné mi camioneta y regresar a casa. ¿Y si no encontraba a nadie en casa? ¡Tendría que llamar a la policía! El sólo pensarlo me hizo sentir pánico, de modo que oré más fuerte. Y Dios contestó. Ahí estaba mi diminuto lente azul, entre piedras y arena, y yo, gritando de alegría. ¡Gracias, Dios!

Jesús compartió cierta vez la parábola acerca de una moneda perdida. La mujer que la había perdido, la buscó, barriendo cada rincón y grieta de su casa, hasta hallarla. Y cuando la encontró, llamó a sus amigos y vecinos para celebrar juntos. Jesús contó esta parábola para demostrar cómo eran el Hijo y el Padre. Ambos buscan diligentemente a las personas perdidas y se regocijan son halladas, organizando una fiesta para celebrarlo!

Si usted ha vagado lejos de Dios o tal vez nunca ha conocido a su Creador, descanse seguro, ¡Dios lo está buscando! Usted es muy especial para el Todopoderoso, es muy valioso para Él. El Señor lo extraña desesperadamente y desea que usted vuelva a casa.

“O supongamos que una mujer tiene diez monedas de plata y pierde una. ¿No enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: 'Alégrense conmigo; ya encontré la moneda que se me había perdido.'”(Lucas 15:8,9).

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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