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Amar o No Amar
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Fotografía: Gwen Simmons
Molly es nuestra perrita cocker spaniel. En realidad, ella es la perrita de nuestro hijo Jon y siempre lo ha sido, aunque no lo hayamos querido así. Sólo que es tan obvio que Jon es su favorito que nadie de nosotros podría negar que le pertenece. La mejilla de Jon es la única que ella quiere lamer (y no es que me muera porque un perro me moje la cara), Jon es el único que la salva de sus travesuras y en las rodillas de Jon es donde ella prefiere estar.

La razón de ello es clara. Jon es el único que siempre ha amado a Molly incondicionalmente. No importa cuán desagradable sea su aliento (pareciera que disfruta llevando criaturas podridas en su hocico), no importa lo maloliente o embarrado que esté su pelaje, no importa cuántas veces nuestro hijo tenga que buscarla por patios ajenos, Jon de todos modos ama a Molly. Y ella lo sabe.

Es Fácil Amarla Ahora

Últimamente, sin embargo, Molly y yo nos hemos acercado un poco más. Hemos estado juntas en casa durante estos días de verano, y aunque ella no es un perro hogareño (obviamente no lo es siendo que acarrea animales descompuestos por doquier), he llegado al punto de querer cuidarla y de hablarle cada día. Miro directamente sus hermosos ojitos café oscuro y le hablo con una vocecita de bebito mientras le rasco sus orejas largas y crespas. Pero debo confesar algo. Mi amor por Molly es condicional. Vea, usted, recién le cortamos el pelaje y la bañamos, de modo que no oliera mal. Adicionalmente con haber mejorado su higiene, el sistema del subterráneo ha sido reparado, de manera que no tengamos que buscarla luego de una de sus travesuras.

El punto es que es fácil amarla ahora.

Debo decir que me siento un poco avergonzada. Es bueno saber que no amo a mi esposo e hijos de la misma forma. Aún más, estoy muuuuuy contenta de saber que Dios tampoco me ama de ese modo. Es decir, debo admitir que a veces me desvío de los límites de seguridad de Dios. Pero Él siempre me busca y me lleva de vuelta. Y aunque no permito que se me embarre el pelo ni tenga aldededor de mi boca criaturas que encuentro en el camino, algunas de las cosas que hago realmente apestan. Pero Dios tiene una gran tolerancia con mis defectos. Por éso, cada vez que encuentro la oportunidad, prefiero sentarme a Su lado que estar en cualquier otro lugar. Y, si puedo, le doy un beso en la mejilla.

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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