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Familia de Iglesia
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Fotografía: Stockxchng
Planté una pradera hace dos semanas. Está en el patio de mi casa. No quise gastar dinero en un sistema completo de regadío, de modo que compré un tipo de semilla que prometía florecer allí. La planté y la tapé con musgo tupido. La regué fielmente, fertilizándola con el contenido correcto de nitrógeno y esperé que floreciera. Me cercioré de no pisarla por temor a aplastarla.

Ahora, al observarla, es como si mi traspatio entero necesitara una afeitada. Hay miles de plantas chiquitas recién florecidas.

Busqué la palabra “semilla” en la concordancia de mi Bilia. Me sorprendí que muchas de las referencias acerca de las semillas hablaban del pueblo de Dios y de cómo crecemos como pequeñas semillas. ¿Semillas? Por supuesto, tengo dos de ellas en este momento (Mateo 13:38: “El terrreno es el mundo, y las buenas semillas de trigo son todos los que obedecen las leyes del reino de Dios.”)

Ayer, vi una semilla. Vi a Zac, de tan sólo 13 horas de edad. Era hermoso y perfecto en cada aspecto y salí de aquel encuentro con una inmensa carga de responsabilidad. Sus padres nunca me pidieron la opinión acerca de si debían tener este niño. Nunca buscaron mi consejo. Pero ahora que está aquí, él les mío, también… y suyo, porque si tenemos suerte, Zac crecerá asistiendo a nuestra iglesia.

Abrazándolo

Primero, Zac disfrutará de esta maravillosa costumbre llamada baby shower (fiesta para la madre y el recién nacido). Por supuesto, todo será de color azul. Pero no podemos quedarnos ahí. Necesitamos trabajar juntos para asegurarnos de que habrá un programa para él en la iglesia cada semana. Debemos cercionarnos de que habrá un cuarto para las madres y sus bebitos. El Jardín de Infantes necesita estar funcionando cuando él tenga cuatro años y también en otros momentos. Cuando él se muestre un poquito incómodo, alguien debería darle una mano a su madre. ¿Y qué ocurrirá cuando él desee arrancar las flores del antejardín de la iglesia? Tal vez necesite que alguien lo distraiga y encuentre algo “más divertido” que hacer. Ah, y cuando sea suficientemente grande como para cantar en el coro de niños y desafine y nunca mire al director y usted no encuentre nada halagador que decirle acerca de su desempeño, ¿no cree que sería bueno darle un abrazo y decirle lo bien que se ve con la túnica del coro? Desde luego, él no permitirá que usted lo abrace a menos de que lo haya hecho antes.

¿Qué tal si la próxima vez que alguien comience a quejarse acerca de asuntos escolares, usted está cansado de oir el mismo tema otra vez? Ya no tiene hijos en la escuela, de modo que no le interesa el tema. ¡Espere! ¿Qué me dice de Zac? Usted tiene una responsabilidad con él. Él tendrá que asistir a la escuela. Piense en todos los momentos en que él necesitará que usted contribuya financieramente.

Además de ser una semilla ese hijo de Dios, Zac también es uno de los pequeños corderitos de Jesús. Él dijo: “Cuida de mis seguidores, pues son como ovejas” (Juan 21:15). Él no fue un Dios egoísta. Él no quiso decir que eran sólo aquellas con las cuales nos relacionamos.

Cuando Dios nos envía un corderito, súbase las mangas de su camisa y ofrézcale su ayuda.

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Por Dee Reed. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL © 2002.


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