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Disciplina Escolar
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Fotografía: Elias Minasi
Un amigo mío que estaba en el salón de clases del cuarto grado donde su hijo era alumno, escuchó cuando este le contestó mal a su maestra. Ella lo envió de vuelta a su casa sin derecho a asistir a clases por una semana y lo hizo escribir notas de disculpa en una hoja de cuaderno y a un espacio. En realidad, el niño alcanzó a escribir tres solamente, ya que a su madre le parecieron sinceras y no tenían errores gramaticales.

¡Esa es la clase de mamá que a mí me gusta!

La maestra llamó a mi amigo para agradecerle, pero también le mencionó que en aquella escuela no se les permite a los maestros que obliguen a los niños a escribir notas de disculpa a otros niños con los cuales se han portado mal. Al parecer, el niño se siente “castigado” y “humillado” al tener que hacerlo. Además, a los niños no les gusta escribir y el utilizar la escritura como un castigo hará que la odien aún más.

Por chistoso que parezca, soy un escritor que escribe como diversión, aunque en varias ocasiones cuando era niño, me obligaron a escribir notas de disculpa.

Aunque la “disciplina positiva” -es decir, la recompensa por una buena conducta ignorando el mal comportamiento -ha comprobado no funcionar, la mayoría de las escuelas públicas aún la utilizan. El problema no está sólo en el entrenamiento de los maestros. Los administradores que saben a ciencia cierta que la disciplina positiva no funciona, requieren que sea utilizada nuevamente con exclusión del castigo por la sencilla razón de mantener a los padres alejados de ellos y, por consiguiente, también a los abogados.

Prohibido Castigar

De este modo, aún los maestros que saben que la mala conducta se resuelve mejor castigando al culpable, está prohibido utilizar el castigo debido a tener que lidiar con un padre ultrajado y/o los resultantes pleitos. Entonces, el problema no es de los maestros, capacitadores o administradores. El problema es de los padres, que se convierten en apopléticos cuando sus inmaculados hijos son castigados por algo en la escuela.

Hubo un tiempo cuando el niño que se portaba mal en la escuela era enfrentado a la posibilidad de ser castigado por cuatro personas en cuatro diferentes ocasiones: su maestra, el director de la escuela, su madre al llegar a la casa y, finalmente, la más temida de todas, por su padre.

En aquellos días cuando un maestro llamaba a un padre e informaba de un mal comportamiento de su hijo, el padre aceptaba su versión de las cosas casi sin dudarlo. En muchas ocasiones al niño no se le permitía ni siquiera defenderse. Soy de aquella generación y como lo indican las estadísticas, las cosas se presentaban mal para los jóvenes. A mediados de los años sesenta, cuando la manera de criar a los hijos comenzó a cambiar desde el tradicionalismo hacia una forma psicológica correcta, los indicadores de la salud mental infantil han disminuido en forma significativa.

Cuando la permisividad se arraigó y floreció, los padres llegaron a preocuparse más de la estima propia de sus hijos, que de su conducta. Cabe suponer que las madres “liberadas” que salían a trabajar, volvían a sus hogares sintiéndose culpables y permitiendo que sus hijos hicieran lo que se les diera en gana. Los padres se dejaron lavar el cerebro al creer que esa paternidad tradicional era mala y llegaron a convertirse en papás “sensibles”, quienes sustituyeron la charla por la disciplina.

La gente -aparte de los adultos racionales - comenzó a pensar que sus niños tenían “derechos.” Las escuelas empezaron a proveer educación “terapéutica” la cual permite que un niño se sienta bien aunque no aprenda nada. Y, en muy poco tiempo, como mi madre lo dijo: “todo se transformó en algo nefasto, pero bien presentadito.”

Personalmente, pienso que es tiempo que cada padre en Norteamérica le escriba una nota de disculpa a la maestra de su hijo. Eso sería, a fin de cuentas, una forma apropiada de comenzar el nuevo año escolar.

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Por John Rosemond. Reimpreso con el permiso de Signs of the Times, (Señales de los Tiempos), Septiembre 2006. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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