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¿Quién Lleva al Pasajero?
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Fotografía: Hemera
El verano pasado leí acerca de una madre de cinco niños que fue acusada de maltrato y crueldad infantil. Supuestamente, ella forzaba a sus hijos entre las edades de ocho y diez años a turnarse para viajar dentro del portamaletas de su carro por espacio de ocho horas, desde Alabama hasta Virginia y durante el mes de julio. ¿La razón? No había suficiente espacio en el carro. ¡Alegaba que no veía ningún problema en hacer aquello!

Afortunadamente para esta madre, dos de sus hijas no sufrieron daños. Pero cualquier persona pensante, puede imaginar el peligro potencial que corrían sus hijos -asfixia, calor excesivo, etc., -todo esto podría haber causado la muerte de ellos.

De forma similar, muchos de nosotros llevamos al Todopoderoso en el portamaletas de nuestro carro. Y, al igual que esta madre, no creemos que haya ningún problema. Es sólo que tenemos otras prioridades y no valoramos suficientemente a nuestro Señor como para hacerle un lugar en el asiento delantero de nuestras vidas.

Hacemos esto cuando descuidamos al Creador y no pasamos suficiente tiempo con Aquel que nos creó. Ponemos a Dios en la parte trasera. Pero no es que rechacemos totalmente al Señor. Sólo lo relegamos a una posición de menor importancia. Simbólicamente, ponemos a Dios en el portamaletas del carro, junto al neumático de repuesto y al latón vacío de gasolina.

Dios en el Portamaletas

La mayoría de las personas apenas tienen tiempo de acordarse del neumático de repuesto. Éso, hasta que se les revienta uno de ellos. De repente, el neumático de repuesto llega a ser crucial. Se saca del portamaletas y se le otorga un lugar de importancia en el carro, dándole la oportunidad de propulsarlo por el camino seguro. Sin embargo, cuando acaba la emergencia, vuelve a ser lanzado en el último rincón del portamaletas.

Por la misma razón, cuando nuestra vida sufre un desperfecto -cuando las enfermedades, las heridas o la ruina financiera nos atacan, de repente nos acordamos: “¡Dios está en el portamaletas!” Salimos del carro, le damos una mano al Señor, desempolvamos al Creador, abrimos la puerta e invitamos al Todopoderoso a sentarse en el asiento delantero. Y luego… ¡oramos como si el mundo se fuera a acabar!

Sin embargo, cuando la emergencia ha terminado, Dios ya “no es nuestro pasajero.” El lugar del Señor es usurpado por otro y el Creador vuelve de nuevo al último rincón del portamaletas. Debe ser muy doloroso para Dios. Porque el Señor anhela ser nuestro Conductor, aflojando suavemente nuestro puño sobre el volante, indicándonos la ruta de la vida. Hay tantas cosas que el Todopoderoso desea que veamos. Tantas cosas que desea compartir con nosotros. El Creador nos creó para tener una relación con Él. Pero las relaciones deben ser una prioridad, si deseamos que sobrevivan. Piénselo. ¿Qué podría dejar de hacer esta semana para pasar más tiempo con el Señor -televisión, trabajo, compras, deportes? Debemos encontrar tiempo cada día para pasarlo con Dios. Si lo hacemos, será la mejor inversión que hayamos realizado en nuestras vidas.

“Vuélvanse al Señor su Dios, porque Él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, cambia de parecer y no castiga” (Joel 2:13).

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Por Kathy Lewis. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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