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Ahora Veo
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Fotografía: Steve Woods
¿Le gustaba jugar a las bolitas de cristal cuando era niño? ¡A mí, sí! Mi colección de bolitas era una de mis posesiones más preciadas durante mi niñez. De hecho, aún tienen un lugar de honor en mi jarrón de vidrio sobre el estante de madera de nuestra sala.

Entre mis favoritas estaban las “puras” –bolitas de cristal de variados colores y tamaños, por las cuales se podía ver a través de ellas. Un sábado de noche, jugaba con una pure boulder (una de las bolitas más grandes). La lanzaba por el aire, cada vez más alto, agarrándola mientras descendía.

Al estirar el cuello luego de un tiro especialmente loco, mi bolita cristalina bajó chocando con mis lentes, quebrando el cristal del lado derecho y haciendo que cientos de partículas de vidrio se incrustaran en mi ojo.

Yo ya tenía una visión bastante deficiente; después de ese episodio mis lentes lucían como el fondo de una botella de Coca-Cola. Pero mi ojo derecho era el mejor de los dos. Ahora, estaba repleto de pedazos de vidrio y no podía ver. Mi padre me llevó inmediatamente al Oftalmólogo quien pasó toda una tarde removiendo las diminutas astillas de vidrio incrustadas en mi ojo.

Cuando hubo terminado, había logrado un milagro. ¡No estaba ciega de mi ojo derecho! ¡Podía ver! Cuando tenía 20 años de edad, me encantaba cantar todas las canciones que tocaban en la radio. Aretha Franklin hizo una interpretación del himno Amazing Grace (Sublime Gracia) que fue un verdadero éxito en aquella época. Pero no tenía ni la más remota idea de lo que significaban esas palabras. No fue hasta varios años más tarde, cuando le entregué mi vida a Cristo, que comprendí el significado de esa composición que John Newton había escrito 200 años atrás.

“Perdido estuve, pero Él me encontró.
Estuve ciego, pero ahora veo.”

Cuando finalmente permití que Jesús entrara en mi vida y en mi corazón, todo se transformó. Me llené de gozo y de paz. Experimenté el amor de Dios de una forma profunda y el vacío que había en mi corazón logró llenarse, finalmente.

“Perdido estuve, pero Él me encontró.
Estuve ciego, pero ahora veo.”

Si no lo ha hecho ya, ¿no permitirá, usted, que el Gran Médico entre en su vida y restaure hoy su vista?

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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