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Pedir Ayuda
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Fotografía: Andrea Church
Cuando abandoné Michigan aquella tibia mañana de agosto después de completar exitosamente tres años de cursos de licenciatura, hice un voto de continuar solamente hacia adelante. Esto quizá suene como una meta tonta. Quiero decir, después de todo, ¿cómo podría llegar al sur de California, si no avanzaba? Pero lo que tenía presente era nunca verme en la obligación de poner mi vehículo en marcha atrás durante las 2.200 millas que me separaban desde Michigan hasta el “estado dorado.” Yo manejaba una camioneta y llevaba un remolque de U-Haul por primera vez en mi vida. Y ese remolque de 5x8 estaba cargado hasta el tope con todas mis posesiones terrenales. El espejo retrovisor me bloqueaba la visión de la autopista y estaba un tanto nerviosa acerca de la situación. Pero me dije a mí misma que si no tenía que retroceder con el remolque, probablemente estaría bién.

¡Y lo estuve! Calculé cada parada que hiciera, cerciorándome de poder manejar hacia adelante cuando tomara de nuevo la autopista, en vez de tener que retroceder. Enfrenté cinco tormentas, grandes vientos, un calor desértico y el estruendo de 18 camioneros, llegando al sur de California el siguiente sábado por la tarde, un tanto fatigada por la ruta, pero con buen espíritu. Sin embargo, apenas a una cuadra de mi nuevo hogar, cometí un error fatal. Recordando que mi departamento (el cual nunca había visto antes) quedaba cuesta arriba, comencé a subir. La inclinación de Ia cuesta parecía un poquito intimidante, pero seguí manejando. Casi al llegar arriba, mi vehículo comenzó a perder fuerza. Ya no podía avanzar más. No había espacio para darme vuelta y tenía miedo de retroceder con aquel remolque e irme cuesta abajo. Después de viajar 2.200 millas, no podía creer que me había metido en tal lío ¡sólo a una cuadra de mi destino final!

Necesito Ayuda

Puse el freno de emergencia y luego de una rápida oración, finalmente tuve que admitir que necesitaba ayuda. Por alguna u otra razón, me parecía que aquello era algo muy difíil de lograr. ¿Ha tenido usted una experiencia similar? Los que viven en el oeste, especialmente los norteamericanos, están plagados de este síndrome. Es casi una parte de nuestra constitución genética. Para nosotros es muy difícil admitir que necesitamos ayuda.

A veces, nuestra independencia nos mantiene separados de aquello que más necesitamos –una relación más íntima con Dios y con quienes nos rodean. Dios nos creó para relacionarnos –con nuestro Creador, como también con nuestros familiares, amigos, vecinos y colegas. Jesús dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Mateo 7:7). La vida es mucho más sabrosa cuando pedimos ayuda en el momento en que la necesitamos.

A propósito, aquel sábado… ¡logré subir la cuesta! Golpeé la puerta de un extraño y una querida dama llamó a dos de sus vecinos para que me ayudaran a bajar mi camioneta junto al remolque, y luego… ¡hasta me invitaron a almorzar! Aquel día conocí a algunos amigos nuevos, pero solamente porque me atreví a pedir ayuda.

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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