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Bendice Mi Juego de Golf
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Fotografía: Claude Coquilleau
“Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir…” (Efesios 3:20)


Es una ironía la falta de visión que de todos los personajes bíblicos conocidos en la historia en que Jesús alimentó a los 5.000, la mayoría de ellos hayan virtualmente recibido lo que nosotros leemos: una comida gratis. Recibieron un pan y unos pedazos de pescado milagrosos –y se fueron felices a sus casas. Incluso aquellos que fueron impactados por la naturaleza del milagro del “Mesías” llegaron a exclamar en las coloridas palabras del difunto Adrian Rogers: “¡Hombre! ¡Este tipo es un restaurante andando!”

Ellos estaban en presencia del poder celestial del divino Hijo de Dios–y todo lo que les interesaba era obtener la provisión del alimento gratis y, tal vez, la liberación política de los romanos. Los temas más difíciles de la salvación, el perdón de los pecados, un hogar eterno en el cielo –estos temas, nunca parecieron cruzar por sus mentes.

Oraciones Estrechas de Mente

En su libro de memorias titulado“La Educación de un Golfista”, Sam Snead se lamentaba cómo a menudo obtenía “saques malos” y no podía golfear en forma correcta. En un torneo erró lanzando en 12 y 18 pulgadas y, nuevamente, en 12 pulgadas. Un día, jugando en Rodesia (ahora Zimbabue) llegó al campo de golf y vio a un mono grande, de color gris, que se inclinaba contra el palo de la bandera. (El Country Club Bulawayo, aparentemente, tenía serpientes y rinocerontes en vez de trampas en la arena.) Extendiéndole su palo de golf al mono, Snead le dijo: “Toma, campeón, tú puedes hacerlo mejor que yo.” El mono se trepó a un árbol e hizo ruidos burlones mientras que Snead subía y, suficientemente seguro, hacía sonar su five-footer. Él concluye la triste historia confesando que en un torneo de golf en Roma deseaba que el Papa Juan XXIII “le echara la bendición” a su palo de golf. Pero cuando le confió sus infortunios a un monseñor del Vaticano, el sacerdote sacudió la cabeza con simpatía, diciéndole: “Lo entiendo muy bien; mi golf también es miserablemente malo.”

Snead lo miró fijamente y le dijo, refunfuñando: “Entonces no molestaré al Papa,”. “Si usted, que vive aquí, no puede jugar al golf, ¿qué oportunidad tendría yo de hacerlo?”

Pienso que todos nosotros fallamos en ver las cosas con una mente estrecha cuando tiene que ver con los temas celestiales. Le pedimos a Jesús que bendiga y fortalezca “nuestro juego de golf” para sentirnos más cómodos, más ricos y más felices. Pero incluso, una oración bien intencionada como por ejemplo: “Señor, por favor, sana a mi hijo enfermo”, no es tan madura ni tan merecedora del reino como aquella que dice: “Jesús, yo anhelo recibirte a Ti.” Ayúdame a amar tu reino, hazme sentir ansias por los principios celestiales para triunfar en este mundo.”

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Por David Smith. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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