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Preguntas y Respuestas
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Fotografía: Robert Radermacher
Cuando era pequeña hacía muchas preguntas, como la mayoría de los niños. Cuando mi paciente padre finalmente se agotaba con mi parloteo, me preguntaba: “¿Por qué los pájaros vuelan de noche?” Ni él lo sabía. Con éso quería decir que no todas las preguntas tienen respuestas.

La Biblia está repleta de preguntas y respuestas. Me gustan especialmente las que hay en los Salmos, porque podemos relacionarnos con ellas, así como lo hacemos con el ser humano. Poseen la cualidad de poseer una comprensión emocional universal que sobrepasa el tiempo y la cultura.

“¿Cuándo podré presentarme ante Dios?... ¿Dónde está tu Dios?...¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar?” (Salmos 42:2,3,5).

El salmista hace las mismas preguntas con que la humanidad se ha debatido por siglos… ¿Dónde está Dios? ¿Me conoce, Dios? ¿Me cuida Él? ¿Cómo puedo conectarme con Él?

Está bien que le hagamos preguntas a Dios. ¿Se acuerda de Job, el libro que está justo antes de los Salmos? ¡Él le hizo muchas preguntas a Dios! ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuando? Y Dios le dio muchas respuestas... le dio buenas respuestas. Respuestas fascinantes.

La verdad es que Dios creó a los seres humanos con huecos en sus corazones –huecos que solamente pueden ser llenados a través de una relación espiritual. Ah, sí; nosotros tratamos desesperadamente de llenar nuestros corazones conectando esos huecos con otras cosas –dinero, poder, posesiones, lugares, gente –pero así no funciona. Nunca funcionó y nunca lo hará. La paz y la felicidad siguen filtrándose y continuamos teniendo ese sentimiento de vacío en nuestro interior. Y nos seguimos preguntando, vez tras vez (como en el versículo 5), ¿por qué estoy tan deprimido?

La respuesta es que los humanos somos seres espirituales y nunca seremos lo suficientemente felices hasta que no encontremos nuestro lugar con Dios. Entonces podremos comenzar a experimentar una profunda felicidad, una tranquilidad que nunca nos abandonará porque no depende de cosas temporales. Y luego podremos reconocer los dones del amor de Dios cada día y por la noche la canción del Señor nos acompañará (versículo 8). Entonces, y sólo entonces podremos decirnos a nosotros mismos: “En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré” (versículo 11).

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Por Brenda Dickerson. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ®.


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