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La Venta del Siglo
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Fotografía: Cathy Smith
Hace unos años atrás entré silenciosamente en una tienda de antigüedades victorianas y el dueño se acercó a conversar conmigo por un rato. A medida que hablábamos, se sintió más cómoda de compartir la historia del incidente que había cambiado su vida meses atrás.

Parecía que había asistido a la venta de artículos remodelados en un museo local un domingo por la tarde y había encontrado la antigüedad de su vida. Aunque la venta había estado realizándose durante tres días, ella descubrió una vieja pintura en un bronce, con estuco cubriendo el marco, e inmediatamente se abalanzó sobre ella. El precio en la etiqueta era de $125 y después de observarla, escribió un cheque a nombre del museo y la llevó hasta su carro.

Pintura Perdida

Como todo buen anticuario, cuando llegó a su casa comenzó a realizar alguna investigación acerca de la vieja lona hermosamente pintada. ¡Lo que descubrió le quitó el aliento! Después de pasar toda la tarde quitándole algunas capas y verificando la fuente de los antecedentes que tenía, llegó a la conclusión de que había encontrado algo muy especial. Su pintura fue valorada por algunos expertos nacionales quienes le confirmaron que había descubierto una pintura que los familiares del famoso autor habían dado por perdida.

Cuando los medios de comunicación investigaron más del asunto, descubrieron que la pintura había sido donada al museo por el mismo autor, algunos años antes. Había estado sin tocar y tranquilamente situada en una casa antigüa. El museo la había vendido para recaudar fondos y realizar algunos trabajos estructurales que eran necesarios. El comerciante que la compró por la suma de $125, la vendió luego por millones de dólares en una casa de subastas en la ciudad de Nueva York.

“Cuando Dios nos hizo libres por medio de la muerte de Cristo, pagó un precio muy alto. Por eso, no debemos hacernos esclavos de nadie” (I Corintios 7:23).

Mientras miraba las fotografías de la pintura y leía el artículo de prensa, suspiré hondo. ¡Vivía a 10 millas de distancia del museo! Años después, medito en la lección espiritual tan poderosa que aprendí aquel día en la tienda de antigüedades. Cada uno de nosotros es una pieza invaluable del Divino Artesano y aún, en muchas ocasiones, tratamos de valorarnos tan poco en la venta temporal de los placeres.

La pregunta no es si nos “estamos vendiendo”, sino a quién lo estamos haciendo. ¿Será al comprador diabólico que no nos avalúa como lo que somos, o al Divino Inversionista que ya pagó todo lo que tenía que pagar para comprarnos? La elección es suya.

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Por Michael Temple. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL ® 2002.


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