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Recargando el Alma
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Fotografía: Mateusz Atroszko
Hace poco más de un año, decidimos tomar unas vacaciones viajando desde Virginia hasta Texas. Nuestros padres viven allá y quisimos ir a visitarlos para las Navidades. Hicimos esto porque no teníamos dinero suficiente para viajar en avión y luego alquilar un carro cuando llegáramos a nuestro destino. El viaje no fue una tarea fácil; el tiempo total manejando fue cerca de 22 horas. Pero se hizo sostenible por nuestro gran anhelo de ver a la familia.

Al principio nos sentíamos llenos de energía con la anticipación de ver a nuestros familiares, pero pronto se desvaneció. El zumbido constante del motor del carro y la carretera hizo que nos aburriéramos un poco. La autocomplacencia tomó el lugar del entusiasmo. Nos costó bastante salir de Virginia, y pronto nos dimos cuenta del largo viaje que teníamos por delante.

Pronto aprendimos que hay algo que se debe hacer al manejar distancias largas y es que tendríamos que detenernos cada trescientas o cuatrocientas millas para cargar el carro de combustible. Al hacerlo, aprovechábamos la oportunidad de pararnos, estirarnos y de ir al baño. A la hora de la cena, buscábamos un restaurante donde poder comer. Nunca habríamos llegado a nuestro destino sin haber hecho primero todas estas cosas.

Cuando llegamos al hogar de mis padres estábamos agotados por el largo viaje pero tan entusiasmados de ver a nuestra familia que nos negamos a tomar una siesta. Cada parada que hicimos para ponerle combustible al carro y para alimentarnos nos ayudó a alcanzar nuestro destino final.

Anticipación Desteñida

Cuando las personas aprenden acerca del Evangelio y de las promesas de Dios, se entusiasman mucho al principio. Pero pronto esa alegría y anticipación se desvanece. Los cristianos necesitamos recargarnos constantemente con las promesas de Jesús. Un reavivamiento continuo es necesario para llegar al destino final con abundante energía.

En su carta a Timoteo, Pablo dice lo siguiente: “Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza. Persevera en todo ello, porque así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen” (1 Timoteo 4:16). ¡No renuncie! Continúe alimentando su alma con la Palabra de Dios, de manera que sus acciones reflejen la voluntad de nuestro Señor para toda la humanidad.

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Por David Wolstenholm. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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