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¡Monzón!
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Fotografía: David Ritter
La semana pasada, un viento devastador sopló sobre nuestro pequeño pueblo en el desierto. La temperatura se elevó sobre los 115 grados y al principio la brisa que empezó a soplar era un alivio de aquel fuego achicharrante.

Pero entonces comenzó el polvo. Mientras manejaba hasta mi casa, una bolsa blanca de supermercado se había quedado atascada de mi parabrisas, arremolinándose y danzando al compás del viento. Ya en el camino de entrada, miré por el espejo retrovisor de mi auto justo a tiempo cuando una piscinita plástica para niños de color azul volaba calle abajo.

Una vez dentro de la casa, miré por la ventana, observando cómo el basurero de mi vecino literalmente volaba por el aire. No estoy bromeando; ¡el basurero jamás tocó el suelo! Y nadie supo dónde aterrizó. Mi vecino aún lo busca alrededor de la cuadra.

De repente, se cortó la electricidad, dejándonos escuchar como único sonido, aquel viento enfurecido. Mirando aún por la ventana de la sala, vi cómo el árbol más grande del patio vecino se venía a tierra. De hecho, mientras hacía mi caminata mañanera al día siguiente, ¡conté 14 árboles caídos! Algunos fueron desarraigados totalmente de la tierra y lucían como soldados muertos en el campo de batalla. Otros se rompieron por la mitad, y sus grandes ramas se quebraron como si fueran pequeños fósforos.

Sólo el día anterior a este incidente, aquellos árboles se habían erguido majestuosamente, otorgando algo de sombra para cobijarnos del sol abrasador de Arizona. Hoy, ya no existen. Mientras caminaba por el vecindario, me preguntaba por qué. Aparentemente, sus raíces no eran lo suficientemente fuertes para sostenerlos o, tal vez, se erguían solos, sin un apoyo o ayuda cercana. De cualquier forma, fueron arrancados del suelo por el dañino monzón.

Lanzados de Aquí Para Allá…

El apóstol Pablo menciona algo similar en el Nuevo Testamento. En el libro de Efesios, él habla acerca de crecer en la plenitud y en la estatura de Cristo. En el capítulo 4, versículo 14, nos insta a que “ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina…” Es decir, necesitamos estar arraigados e interiorizados tan profundamente en la Palabra de Dios, para que no seamos sacudidos, quebrantados o engañados por la siguiente teoría e idea popular que sople cerca nuestro.

La versión bíblica TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL lo pone de la siguiente manera: “Ya no seremos como niños, que ahora piensan una cosa y más tarde piensan otra, y que son fácilmente engañados por las falsas enseñanzas de gente astuta que recurre a toda clase de trampas.”

Llenar nuestra mente cada día con la Palabra de Dios hará que desarrollemos un sistema de raíces fuerte, que llegará al fondo de nuestros corazones. El pasar momentos hablando con Dios a través del día, nos proporcionará un refugio y un apoyo para que cuando el monzón de la vida sople inesperadamente, no nos agite, sino que podamos erguirnos firmemente y hacerle frente.

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones REINA-VALERA © 1995 y TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL © 2002.


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