Home > Archives > La Familia es lo Primero >
.
Amor Transformador
.
Fotografía: Stock.xchange
Su cara dibujó una sonrisa mientras nos despedíamos no hace mucho, en una mañana de domingo, sintiendo el corazón lleno de gratitud por lo que había ocurrido durante los días previos. Me había ofrecido como voluntario para trabajar en un Campamento de Verano cristiano en nuestra área y tengo que admitir que me sorprendí con la serie de eventos que llevó a que este chico, finalmente, sonriera.

Una hermana de nuestra iglesia trajo a un chico de once años de edad que ella cuidaba a nuestro Campamento de Verano, con la esperanza de poder vencer su timidez, que disfrutara de una semana sin pensar constantemente en el hogar que había dejado y, de algún modo, saliera de aquel pasado de abuso que había experimentado desde pequeño. Era un gran anhelo y en mi interior me preguntaba si aquellas esperanzas no serían demasiado irreales.

Mientras ella descargaba su bolso de moletón, el niño se quedó inmóvil, metió sus diminutas manos en sus bolsillos y fijó sus ojos en el suelo. Oré, silenciosamente: “Dios, por favor, haz que podamos llegar al corazón de este niño.” Sonreí y le dí la bienvenida al Campamento, cuidando de no acercarme mucho. Cuando le pregunté cómo estaba, me respondió con un “OK” y no dijo nada más.

Los primeros días del Campamento estuvieron repletos de rutinas: izar la bandera, disfrutar de las comidas y realizar diversas actividades. Nuestro tímido acampante continuó estando alejado, con las manos en sus bolsillos y mirando el suelo. Nuevamente, oré: “Dios, ayúdanos a alcanzar a este niño.”

Respuesta a una Oración

La respuesta a esa oración llegó a través de un chico local, de doce años de edad. Casi instintivamente, pareció comprender que ese niño tímido necesitaba ser aceptado y amado sin condiciones. Jugaron a la pelota para allá y para acá, comieron juntos y compartieron la misma cabaña. Podía vérseles juntos cuando se izaba la bandera y durante el momento en que se narraba la historia bíblica. En resumen, nuestro héroe de doce años de edad, nutrió el alma de ese desvalido y tímido niño y el cambio que ocurrió fue simplemente conmovedor.

El niño comenzó a sonreir de verdad y se abrió con el consejero de una manera que antes parecía imposible. Sus brazos se movían libres mientras caminaba, ya no metía sus manos dentro de sus bolsillos y su rígida postura se transformó en una más relajada. Pero, aún más importante que su interacción social, era su deseo por conocer más acerca de las cosas espirituales. Durante la última noche del Campamento, tomó la decisión de seguir a Cristo y demostró su compromiso avanzando y parándose junto al niño que había enfocado su atención en ayudar a un compañero que sufría.

Aún se me hace un nudo en la garganta cuando reflexiono en este ejemplo palpable de lo que el amor y la aceptación pueden hacer para llevar a las personas de donde están, a donde verdaderamente deben estar. Este niño de doce años de edad me enseñó una lección que jamás olvidaré acerca de lo que signfica ser hechos a Semejanza de Dios.

 Réagissez à cet article.  Lisez les commentaires de nos lecteurs
______________________________

Por Michael Temple. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


SiteMap. Powered by SimpleUpdates.com © 2002-2016. User Login / Customize.