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En Todo Tiempo
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Fotografía: Hemera
Sabía que eventualmente llegaría el momento en que tendría que experimentar cada una de las estaciones del año aunque haya vivido la mayor parte de mi vida en verano. Tuve una buena niñez, me casé con mi novio de la escuela superior, tengo una hija adorable y he tenido, en general, una vida feliz. Por supuesto, han habido sube y bajas, pero los consideré como simples tempestades veraniegas.

Ah, supe cómo era el invierno porque crecí en Michigan. Los deportes invernales, tales como el patinaje sobre hielo, pasear en trineo o esquiar, combinados con los días escolares en que nevaba, era algo que gozaba grandemente. No fue hasta que alcancé la edad adulta que me di cuenta que el invierno a veces significa penumbra, congelamiento y días grises fríos, muy fríos. Pero como dije, viví la mayor parte de mi vida disfrutando de un eterno verano, hasta que…

El 3 de enero del año 2005, entré en el verdadero invierno de mi vida. Aquel día, Mel, mi novio de High School y marido durante casi 40 años resultó gravemente herido en un accidente automovilístico. Murió al día siguiente sin siquiera haber recobrado el conocimiento. De repente, cada palabra descriptiva del invierno fue aplicada a mi vida y a mi corazón: congelamiento, entumecimiento, oscuridad, penumbra, soledad, desesperación, desesperanza, desolación, congoja, abandono, desamparo.

Mi esposo hizo grabar Génesis 2:24 en mi anillo de compromiso - “y los dos se funden en un solo ser.” Cuando usted se casa con alguien que ama y es correspondido por esa persona, la unión no es simplemente física, es también una unión espiritual y mental. De improviso, esa unión quedó despedazada. Me sentí vacía -como si una parte de mí hubiera desaparecido. Durante semanas después del accidente, me miraba al espejo y me sorprendía al comprobar que no me veía distinta, a pesar de que en mi interior faltaba la mitad de mí. La otra mitad de mi carne, de mí misma, de mi propio ser, había sido destrozada. Ya no sabía quién era, a dónde iba o qué significado tenía la vida.

¿El Final de la Línea?

Una noche, en medio de mi tristeza y desesperación, saqué un puñado de somníferos y me paré delante del espejo del cuarto de baño, contemplando lo que quedaba de mi vida. ¿Cómo podría continuar sin mi amado Mel? Pero Dios está ahí, obrando en nuestras vidas, aún cuando no lo sospechamos. Él trajo a mi mente dos pensamientos que no permitieron que me tragara esas píldoras. El primero, fue el increíble amor que mi hija, mi yerno y mis nietos me habían demostrado. ¿Cómo podría corresponder ese amor permitiendo que experimentaran otro funeral y otra muerte? El segundo pensamiento fue que yo había crecido sabiendo que el suicidio “era el pecado imperdonable” y no podía soportar el ser rechazada por Dios, Aquel en quien dependía cada vez más. Puse las pastillas en el frasco nuevamente y me acosté a dormir.

Repetidas veces le pregunté a Dios, “¿dónde estabas Tú, cuando ocurrió todo esto?” Mel era un hombre cristiano, anciano de nuestra iglesia y su vida impactó en forma maravillosa a todos quienes lo conocieron. Era gentil y, a la vez, fuerte. Continúo preguntándole a Dios por qué no preservó su vida. ¿Cómo pudo permitir que algo tan terrible le ocurriera a alguien que lo amaba tanto? Pero al mismo tiempo, Dios me atrajo más cerca suyo de lo que jamás había estado, a pesar de las muchas preguntas no contestadas que aún tengo. Versículos como Romanos 8:38, “Nada podrá apartarnos del amor de Dios,” comenzaron a tener sentido en mi intelecto.

La semana pasada, durante el sermón, uno de los textos bíblicos del Pastor Tim fue Hebreos 13:8: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.” Me ha tomado meses darme cuenta y aceptar que Jesús ES el mismo cada día. Él amaba a Mel. Estaba con él aquel domingo antes del accidente. Dios lo amaba. Subió con él al carro aquel lluvioso lunes de mañana, y seguía estando con él cuando ocurrió el accidente. Él amaba a Mel. Dios estaba a su lado cuando Mel era transportado al hospital y también estaba con él ese martes, cuando Mel murió en el hospital. Jesús amaba a Mel. Me di cuenta que Dios estuvo conmigo en cada uno de aquellos momentos y que hoy continúa estando a mi lado.

Aún no comprendo lo que sucedió. Lo que sí comprendo es que Mel amaba a Dios y lo sirvió durante casi toda su vida y, lo que es aún más importante, Dios lo amaba a él. Debido a éso, tengo la seguridad de que me reuniré con Mel cuando Dios venga en busca de sus amados para llevarlos al Hogar. Grabadas en la tumba de Mel, están las palabras de Juan 14:1-4, que dicen: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.”

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Por Dee Reed tal como se lo contó a Judy St. John. Derechos © 2010 de GraceNotes. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 2002.


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