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Apuestas: La Desventaja
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Fotografía: Hemera 
“Mi nombre es Pablo y soy un apostador compulsivo. Ya han pasado 40 días desde mi última apuesta. Cuarenta días atrás, no me daba cuenta que era un apostador compulsivo. Pero cuando mi jefe me confrontó por estafa, finalmente supe que lo era y que siempre lo seré. Estoy asistiendo y siempre asistiré (por el tiempo que me lo permitan), a las reuniones de los Jugadores Anónimos. Perdí una carrera fantástica… Estoy en proceso de perder todo aquello por lo que había luchado en la vida, excepto a mi esposa y a mis dos hijos. Mi padre no me ha hablado desde que me ocurrió todo esto y mi hermana mayor hará todo lo posible por ayudar a mi esposa y a mis hijos; pero no quiere saber nada de mí. No la puedo culpar.

“Si hace 27 años atrás, cuando hice mi primera apuesta, alguien me hubiera dicho que cuando tuviera 39 años lo perdería todo y estaría en un lugar privado de la libertad, les hubiera dicho que estaban locos porque yo era una persona inteligente y podía controlar mi impulso a las apuestas. La verdad es que las apuestas se adueñaron de mi vida y la arruinaron, haciéndolo también con las vidas de mis familiares. Es una adicción insidiosa. Usted hace cosas que una persona no haría en forma racional. No piensa en las consecuencias, y estoy aquí para contarle a quien desee escucharme, que existen serias consecuencias por las horribles acciones que llegué a tomar.”1

Pablo no está solo. Para más de los diez millones de norteamericanos, las apuestas son un serio problema. Para tres millones de ellos, el impulso es tan poderoso que los profesionales de la salud lo catalogan como apostar en forma patológica, una condición tan seria como el abuso a las drogas, la depresión y el comportamiento antisocial. El problema de los apostadores es más parecido al abuso del alcohol, a ausentarse del trabajo y a cometer fraudes o malversación de fondos. Existe, también, una fuerte conexión entre el impulso de apostar y el suicidio.2 Desafortunadamente, los defensores de las apuestas legales afirman que estas representan sólo un riesgo más, declarando que “todo en la vida es un juego.” Argumentan que así como el resto de la vida está llena de incertidumbre (cruzar la calle, invertir en el mercado de valores, subirse a un avión), jugar en las máquinas o apostar con un grupo de jugadores, es otra manera de reconocer lo fortuito de las cosas y esperar lo mejor.

El apostar no es un juego

Aunque la mayoría de los deportes tienen conexiones con el juego de las apuestas, apostar en sí no es un juego. Es un gran negocio con millones de partidarios y miembros poderosos. Las estadísticas son realmente asombrosas. Se ha estimado que los norteamericanos gastan tanto como $550 billones al año en apuestas legalizadas. En loterías sancionadas por el estado las personas gastan aproximadamente $88 millones diarios. En el año 2000, las apuestas por el Internet produjeron un estimado de $2.2 billones en rentas mundiales, comparadas con los $300 millones apostados por el internet en 1997. De acuerdo a un artículo del diario ABA, las apuestas online podrían llegar a $100 billones al año durante el 2006.3

El potencial de apostar por Internet ha sido exacerbado por la facilidad de participación y el mismo anonimato que ha hecho de la pornografía por Interent algo tan popular. Cuando una actividad con poderes adictivos tan fuertes es puesta a la disponibilidad de todos en un sistema que permita el acceso casi universal, el crecimiento, seguramente, será explosivo.

Si uno considera sólo las consecuencias sufridas por los apostadores en problemas y sus familias, esa sola razón debiera hacer que el apostar sea un problema social de mayor atención y que surjan preguntas sobre la responsabilidad pública. ¿Deberíamos oponernos a toda forma de apuestas? ¿O es que deberíamos tolerar las apuestas con restricciones razonables?

Apostar no es algo inocente

Personalmente, me opongo a todo tipo de apuestas. Esta no es una actividad inocente. Hay demasiada gente que resulta herida y la fascinación por la fortuna fácil afecta a los más pobres en forma desproporcionada. Desafortunadamente, así como ocurre con el alcohol y con el tabaco, la evidencia de su daño es sopesado por las enormes ganancias que ella genera.

Además, el apostar es operado por el engaño. Le resta importancia a la minúscula posibilidad de ganar. Los casinos no tienen ni ventanas ni relojes, así esconden el paso del tiempo y muchos sospechan que las máquinas están programadas para tener “pequeñas fallas” que engatusen al jugador.

Pero el problema con las apuestas va más allá, todavía. Considere estos factores:

El apostar promete ganancia fácil.
El apostar se aprovecha de los pobres.
El apostar hace un mal uso de los recursos que Dios nos ha dado.
El apostar está fundado en la avaricia.
El apostar es un intento de obtener los recursos de otros, sin proveer nada valorable a cambio.
El apostar deja de lado a Dios.
El apostar se opone al principio que nos dice que debemos confiar en Dios.

¿Cómo deberíamos responder al problema de las apuestas? Deberíamos evitarlas y advertirles a otros de su peligro. No debiéramos apoyar a las personas o a las medidas que animen el apostar. Debiéramos mostrar preocupación por quienes son adictos a las apuestas; porque esta adicción puede robarle la habilidad que usted posee de cambiar su comportamiento, cosa que es absolutamente necesaria. Los Jugadores Anónimos son un recurso comprobado de terapia grupal y poseen consejeros certificados que están disponibles en muchas cuidades del país.

Uno de mis versículos bíblicos favoritos desde mi niñez, es un consejo muy apropiado cuando se vea tentado a apostar o a experimentar cualquier comportamiento compulsivo: (Proverbios 3:5,6).

Para que pueda recibir ayuda usted mismo o alguien que usted conozca, llame al National Problem Gambling Helpline, al 800-522-4700 o visite la página por Internet del National Council on Problem Gambling. Muchos otros recursos similares poseen páginas en la red, como también oficinas gubernamentales locales que pueden referirlo a consejeros especializados.

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Por Miguel Valdivia. Extractos reimpresos con el permiso de Signs of the Times, marzo 2006. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.

1 Ban Yourself.
2.Ver National Council on Problem Gambling.
3 Ryan D. Hammer, “Does Internet Gambling Strengthen the U.S. Economy? Don't Bet On It,” Federal Communications Law Journal 54, Diciembre, 2001.


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