 |


Tecnología Rápida 
 |
| Fotografía: Pavlo Maydan |
Tecnoogía rápida. En el momento en que las palabras salieron de la boca de la profesora, supimos que estábamos en problemas. ¿Realmente esperaba ella que no utilizáramos ninguna tecnología durante 24 horas? Nada de teléfonos celulares, ni iPod’s, ni computadoras, ni Facebook, ni Twitter. Nada.
Me convencí de que sería fácil, pero me sorprendí a mí misma. Había ayunado dos días antes y pensé que estar sin tecnología sería igual de sencillo. No lo fue. Me preparé bien: puse mi loptop en su maletín y lo metí dentro de un cajón, junto con mi iPod y teléfono celular. Estaba lista, o eso es lo que creí.
Mi primer intento: fallé. Iban a mostrar un episodio de mi programa de televisión favorito que no había visto y “tenía” que verlo. Segundo intento: fallé. Había cosas que “debía” decirle a mis amigas. En vez de vernos a las siete el viernes de noche, sería a las ocho. Tercer intento: fallé completamente. Durante el culto, “tenía” que contarle a una amiga algo gracioso que me ocurrió, pero mi teléfono seguía estando en la habitación. ¿Qué hice? Le quité, sí, le arrebaté el teléfono de las manos a otra amiga y le envié un mensaje de texto. Mientras pasaban las horas sin tecnología, me di cuenta lo vacía que me sentía sin mi teléfono. Algo andaba mal.
Demasiado Mal
Algo anda mal cuando nos sentimos vacíos sin nuestros teléfonos, pero no cuando olvidamos pasar momentos con Dios. Algo anda mal cuando es más fácil no comer que vivir sin tecnología. Algo anda demasiado mal cuando, ante la presencia de Dios sentimos que debemos compensarla con cosas materiales. Algo anda demasiado mal.
Al reunirnos como clase para discutir nuestro ayuno tecnológico, y todos concordar en que no había sido una experiencia agradable para nadie, la profesora hizo una pregunta que ninguno de nosotros quiso contestar: “¿Necesitan de la tecnología? ¿Son su alimento y su bebida? ¿La necesitan, realmente?” El salón quedó en silencio mientras nos dábamos cuenta que no la necesitábamos.
Necesitamos aire para respirar, alimento para nutrirnos, agua para beber; cosas que Dios nos ha dado misericordiosamente, y necesitamos a Dios, porque sin Él estamos perdidos. Todo lo demás, es vanidad.
Los animo a que pongan a un lado la tecnología por un día o, incluso, por algunas horas. O, tal vez, aquel trocito de tecnología sin el cual usted se sentiría vacío. Es peligroso dejar que nos consuman las cosas materiales. También lo es si confiamos demasiado en ellas. Son cosas creadas por el hombre y harán que fallemos sin lugar a dudas. Con la actitud correcta, la tecnología rápida puede enseñarle que, no importa cuánto tiempo pasemos con Él, Dios jamás se quedará sin batería.
“Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
______________________________
|
 |